La hermandad del Rocío de Sevilla se hizo camino al transitar desde la Colegial hacia las plantas de la Blanca Paloma
Fco Javier Montiel. Sevilla ha vuelto a cumplir con los siglos y con la historia. La Hermandad del Rocío de Sevilla, la querida corporación de la Colegial del Salvador, ha completado una nueva romería de Pentecostés, dejando estampas imborrables de fe, oración y cante por los senderos que conducen a la aldea almonteña. Una crónica de amor filial que comenzó en el corazón de la urbe y culminó a los pies de la Blanca Paloma.

El inicio del caminar por las calles de la ciudad
La mañana del pasado miércoles 20 de mayo se vistió de romero muy temprano. A las 7.30 horas arrancaba la tradicional misa de romeros en el Salvador, antesala de la salida de la bellísima carreta de plata del Simpecado. El cortejo inició su transitar por una Sevilla que despertaba, haciendo su primera parada obligada en la Santa Iglesia Catedral para postrarse ante la Virgen de los Reyes, patrona de la archidiócesis, en una emotiva ofrenda de flores.



























Posteriormente, la comitiva fue recibida corporativamente en la Diputación Provincial de Sevilla, continuando su itinerario por la plaza de la Hacienda y bordeando la Torre del Oro, donde el Guadalquivir parecía despedir a los peregrinos. El transitar por la capital concluyó tras cruzar la avenida de la República Argentina y llegar al cuartel de la Policía Nacional sobre las 11.00 horas, lugar en el que la hermandad fue recibida con honores por el nuevo director. La comitiva abandonó la ciudad por el histórico puente de hierro en dirección a San Juan de Aznalfarache, recibiendo poco después el ya tradicional saludo y recepción que el Club Zaudín brinda a esta querida corporación. La primera e intensa jornada de camino finalizó con la caída de la tarde en la finca Olivos Quemados, junto al río Pudio, donde se rezó el primer Santo Rosario de la romería.
Las arenas, los pinos y el paso del Quema
El jueves 21 de mayo, segundo día de camino, la hermandad amaneció con el canto del alba para adentrarse en el Aljarafe más rociero. Tras cruzar el término de Bollullos de la Mitación, la comitiva avanzó decidida hacia uno de los puntos neurálgicos de la peregrinación: el paso del vado del río Quema. Los bueyes de Sevilla surcaron las aguas entre vivas y bautizos rocieros. Posteriormente los romeros continuaron cruzando los caminos hasta alcanzar la finca del Caoso, propiedad de su ex hermano mayor Grabiel Rojas.
























El sábado 23 de mayo, tercer día de peregrinación, la hermandad se enfrentó a la dureza y a la belleza de las arenas de los caminos de Hinojos. La diana floreada, a las 4h de la madrugada, puso en marcha a la comitiva muy temprano para afrontar las dunas, un tramo de enorme esfuerzo para los peregrinos y los animales. El sesteo de esta jornada se realizó en el emblemático paraje del Pino de los Mil Duros, un remanso de paz bajo los pinos donde se renovaron las fuerzas físicas y espirituales. La hermandad realizó los últimos kilómetros de sendero rodeando la mítica canaliega. Los romeros, con las emociones a flor de piel, prepararon los enseres y engalanaron la hilera de carretas para el momento cumbre del camino: la presentación oficial ante la Blanca Paloma. La bellísima carreta de plata de Sevilla hizo su entrada triunfal en la aldea, siendo arropada por una inmensa multitud de devotos que jalearon al Simpecado en su llegada al santuario, sellando así cuatro días de fe y hermandad.







El Domingo de Pentecostés y el salto de la reja
La jornada del Domingo de Pentecostés concentró la solemnidad de la romería. Por la mañana, la Hermandad de Sevilla ocupó su lugar destacado en la solemne Misa Pontifical, presidida en el real de la aldea y en la que participaron las 127 hermandades filiales. Un altar efímero bajo el cielo marismeño que se convirtió en el epicentro de la cristiandad rociera.











Ya en la noche, a las 23.00 horas, los estandartes y simpecados de todas las corporaciones se unieron en el rezo del Santo Rosario por las calles de la aldea. Un mar de bengalas y cuentas de oración que preparaba los corazones para el momento más esperado. A la conclusión del rezo, el fervor almonteño se desbordó en el interior del santuario y los hijos de Almonte saltaron la reja a las 3.02 horas de la madrugada, dando comienzo a la procesión de la Santísima Virgen del Rocío por las calles de su aldea.















El saludo de la Reina marismeña y el regreso al Salvador
La mañana del Lunes de Pentecostés quedará guardada en las páginas de oro de la corporación. Sobre las 9.10 horas, las andas de la Reina de las Marismas se posaban con mimo frente a la casa de la Hermandad de Sevilla. En ese instante de pellizco y devoción pura, Sevilla entera le rezó la Salve y le cantó a pleno pulmón el tema Rocío, Rocío, una melodía que es mucho más que una sevillana, es el auténtico himno que los hijos del Salvador regalan a la patrona de Almonte. Las caras de emoción de los romeros y las lágrimas de los peregrinos reflejaron la intensidad de un encuentro que se renueva cada primavera.







Tras visitar al resto de las corporaciones filiales en una procesión radiante y multitudinaria, la Virgen del Rocío se recogió en su santuario sobre las 13.00 horas, cerrando así un Pentecostés pleno, lleno de luz, donde Sevilla volvió a dejar su impronta señera y devocional en las arenas de la marisma.

Fotos: Fco Javier Montiel
