Sevilla se prepara para el Corpus con la ciudad rendida al arte de los altares, balcones y escaparates
Fco Javier Montiel. Sevilla se asoma ya al Corpus con esa manera suya de preparar lo sagrado como quien prepara una cita de amor. La ciudad no se limita a esperar la procesión, la precede, la canta y la adorna, hasta hacer de la víspera una liturgia compartida en la que participan hermandades, vecinos y comerciantes.
Este día, el centro histórico empieza a mostrar su rostro más delicado. Los balcones se cubren, los escaparates se convierten en pequeña catequesis de arte popular y los altares levantan, en plena calle, una señal de fe que detiene la prisa y llama a mirar despacio.
El Ayuntamiento ha convocado un año más el concurso de exorno de altares, escaparates y balcones con motivo del Corpus Christi 2026, una iniciativa que ordena y anima este embellecimiento tan propio de Sevilla. Las bases fijan que los altares deben situarse en el itinerario oficial de la procesión, mientras que escaparates y balcones pueden estar también en calles cercanas, siempre con referencias litúrgicas claras a la festividad.












La ciudad, además, ha fijado una víspera muy marcada en el calendario. Las piezas deben estar concluidas antes de las 19:00 horas del 3 de junio, y el jurado recorrerá los espacios inscritos entre las 19:00 y las 23:00 horas de ese mismo día. Es la hora en la que el Corpus empieza a sentirse de verdad en las calles, cuando la luz cae y cada detalle cobra una hondura especial.














En esta edición han participado unos cuarenta entre escaparates, balcones y altares, un dato que deja ver la fuerza de una costumbre que no se enfría, sino que crece con cada primavera. No es solo un concurso, sino una forma de decir que Sevilla entiende la belleza como servicio, y la devoción como una obra hecha entre muchos.


















Porque en Sevilla el Corpus no empieza el jueves por la mañana. Empieza antes, cuando la ciudad se arrodilla en el adorno, cuando un comercio abre su ventana al misterio y cuando una fachada se convierte en señal de respeto y amor por la Eucaristía. Esa es la verdadera previa, la que no aparece solo en el calendario, sino en el alma de la ciudad.















La previa del Corpus tiene en Sevilla una temperatura propia, hecha de nervio y recogimiento. Las calles del centro se transforman en un escenario donde la tradición no se conserva en vitrinas, sino que se vive en presente, con manos que colocan flores, telas, piezas de cerámica y símbolos litúrgicos.



También hay una dimensión muy sevillana en este modo de celebrar. El comercio, las hermandades y los particulares se implican en una fiesta que une cultura, fe y calle, y que convierte el simple paseo por el centro en una experiencia devocional. En esa suma está parte de la grandeza del Corpus hispalense.


Sevilla entra así en su cuenta atrás más hermosa, con los ojos puestos en la Custodia, pero con el corazón ya encendido en la víspera. Altares, escaparates y balcones no son solo ornamento, sino la prueba de que la ciudad sigue sabiendo rezar también con belleza.
Fotos: Fco Javier Montiel
