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Opinión. Monseñor y su costal. El Diputado de Cruces.


Monseñor Giovanni Lanzafame es un sacerdote italiano que, por sus estudios mariológicos, recaló en Sevilla y, como le ha ocurrido a tantos, aquí se quedó, prendido en nuestra Semana Santa, realizando desde entonces una fructífera labor pastoral. Además, es un hombre cercano y amable, siempre dispuesto a una palabra amiga y a una charla cofrade. Hace poco tiempo, ha tenido un problema importante de salud que le ha hecho sufrir una delicada operación y, como todo sevillano, de adopción o no, su acción de gracias la quiere encauzar a través de su hermandad, manifestando su deseo de dar una chicotá bajo el palio de su Virgen de Guadalupe. Y como cuenta con el beneplácito de la junta de gobierno, del capataz y, supongo, de los hermanos que llevan años en lista de espera para ser costaleros de su Virgen (los hay, ¿no?), pues todo perfecto.

Lo que a mí me choca de esta historia es comprobar cómo estamos haciendo cambiar los tiempos. Siempre ha habido chicotás de promesa (o de afición), pero, antes, cuando alguien tenía motivos para dar gracias, por norma general se ponía la túnica, se ceñía el cíngulo o el esparto y tomaba su cruz o su cirio para acompañar a los titulares de su devoción. Pero hoy en día no, hoy lo que queremos todos es ponernos el costal y esto va quitando cada vez más protagonismo a los auténticos artífices de la fiesta: los anónimos nazarenos y penitentes. Se ha llegado, incluso, al esperpento, afortunadamente muy alejado del caso que nos ocupa, de dar gracias con el costal (y pregonándolo a los cuatro vientos) por una victoria deportiva, por supuesto imagino que con los parabienes de hermandad, capataces y resto de costaleros.

Y así, algo que debía haber quedado entre monseñor y su hermandad ha salido a la luz pública. Se quejaba Don Giovanni, que por su natural cordial y una vez que todo se ha sabido ha atendido a cualquier medio de comunicación que así se lo ha pedido, diciendo que, en Sevilla y la Semana Santa, la vida privada existe poco. Yo no estoy muy de acuerdo con él porque creo que depende. Si hubiera decidido salir de nazareno, estoy casi seguro que no se habría sabido nada. Me parece que debe preguntarse (y nosotros con él) quién y por qué razones ha filtrado el asunto a la prensa. Y, a lo mejor, no tiene que buscar muy lejos.

En fin, mi deseo es que a Don Giovanni le vaya todo muy bien el Lunes Santo y que vea satisfechos todos sus anhelos. Y también deseo que el frikerío (¿se escribe así?) que rodea a la Semana Santa y que se va a agolpar alrededor del paso de María Santísima de Guadalupe para intentar ver a Monseñor Lanzafame vestido de costalero, no impida el normal caminar de dicho paso porque, entonces, los únicos perjudicados serán los de siempre, los sufridos nazarenos y penitentes que, a la vista del templo, tendrán que esperar a pie quieto y riñones doloridos para no dejarlo descolgado. ¡Más todavía!

diputadocruces@yahoo.es

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