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La noche de la Esperanza


 Eduardo Fdez. López. El pasado sábado, la Hermandad de la Esperanza de Triana conmemoró de manera espectacular el XXV aniversario de la coronación canónica de su titular, celebrada el 2 de junio de 1984.

Veinticinco años después la historia volvía a repetirse, la lluvia, el líquido elemento, se quiso unir a las miles de personas que lo vivieron y tampoco quiso perdérselo como ya hiciera hace 25 años, y es que como dijo Adolfo Vela “el tiempo se repite”.

Pero la Virgen, mas tarde o mas temprano tenía que salir porque así lo quería, si no pudo ser a las siete pues a las nueve. Mirándolo de otra manera ¿que hubiera pasado si no pudiera haber salido?, ¿cuando hubiera salido?, de ninguna de las maneras hubiera sido igual.

Finalmente, a las nueve y media, la Giralda con su repique de campanas de las grandes citas saludaba a la Esperanza que se adentraba en una Plaza Virgen de los Reyes a rebosar a los sones de su marcha, todos imagináis cual es, porque aunque tenga muchas esta es la que la caracteriza y aun más celebrando también su aniversario.

 Comenzaba ahí un recorrido inédito, al llegar a la Avenida y a pesar de su amplitud era prácticamente imposible que el paso girara, revirara para otros, y avanzara debido a la marea humana que provocó que el paso tardara dos horas desde la Catedral hasta el ayuntamiento.

A la primera casa de todos los sevillanos llegaba el palio a los sones de una marcha muy antigua con alegres sones navideños, “Campanilleros de Gloria”, tocada ya hace 25 años por la antigua Banda de Soria 9 en la coronación.

Allí se despedían las representaciones, de las Hermandades y asociaciones de Triana, de las Hermandades con titulares de Esperanza, de las Hermandades de la Madrugá incluida la Macarena, para algunos que pensaban lo contrario, y de otras Hermandades sevillanas que también quisieron estar presentes en este acontecimiento.

 El discurrir por la Plaza Nueva era también algo imposible, según el Cecop nada más que en la Plaza Nueva acompañaron a la Esperanza unas doce mil personas, a partir de ahí era el único cortejo de la procesión y los que lo formaban no quisieron perderse el paso de la Virgen por las calles Bilbao, Carlos Cañal y Zaragoza, era la primera vez en su historia que la Esperanza de Triana pasaba por allí.

En la puerta del convento de San Buenaventura fue recibida por la Hermandad de la Soledad cuando ya avanzaban los minutos de la primera hora del domingo.

Fíjense, si la Esperanza hubiera salido a su hora estaba previsto que llegara al Altozano en condiciones normales a las doce de la noche, si le sumamos las dos horas de retraso llegaría a las dos, pero como era algo especial y había que disfrutar y aunque por medios oficiales se intentara aligerar algo que era casi imposible, a las dos de la mañana la Virgen estaba aun en plena calle Zaragoza, tardó prácticamente cuarenta y cinco minutos en recorrer los cien metros de la calle Zaragoza hasta desembocar en Reyes Católicos.

 En esta zona de Puerta Triana esperaban a la Esperanza otras tantas miles de personas que provocó nuevamente y aquí vuelve a repetirse la historia que el paso avanzara lentamente. A esto hay que unirle que por este tramo la Virgen fue llevada a las ordenes de su capataz, Juanma Cantero, por la cuadrilla de costaleros del Cristo de las Tres Caídas, que se tomaron con tranquilidad su tiempo bajo la Esperanza.

La envergadura de los costaleros del paso de Cristo, este es el motivo por el que las levantás durante este tramo se tuvieron que hacer a pulso aliviao, y no por ningún problema que impidiera las levantás al cielo como muchos pensaron.

Y se llegó al puente, pero antes de cruzarlo la Esperanza se volvía de nuevo para Sevilla para despedirse de ella hasta la próxima primavera, el puente la esperaba tal y como hizo hace veinticinco años con el lema “Triana con su Esperanza” e iluminado como suele hacerlo cada velá de Santa Ana, a diferencia del día de la coronación no estaba adornado con flores ni hubo fuegos artificiales, menos mal porque las cinco de la mañana tampoco era hora para ello.

 Al llegar a la capillita del Carmen la banda de Santa Ana interpretó las marchas “Reina del Mar” y “Esperanza de Triana Coronada” para saludar nunca mejor dicho a la reina del mar, en ese momento las dos devociones más marineras de Sevilla frente a frente.

En el Altozano a los sones “Pasan los Campanilleros” la Virgen se volvió hacia el balcón de Vicente Acosta, eran casi las seis de la mañana y la Esperanza saludó a este hermano tan querido que tanto hizo aquel año emblemático de la coronación que se estaba recordando.  

Y si hablamos de grandes devociones frente a frente la vivida en la capilla de la Estrella, a la que llegó la Esperanza tras salvar la estrecha calle Antillanos Campos en el bello amanecer de un cielo totalmente despejado. La Virgen de la Esperanza quiso pasear su saya cerámica por esta calle de alfareros y ceramistas.

En la Estrella, que para la ocasión había engalanado la fachada de su capilla se vivieron los momentos más emotivos del recorrido por Triana, la Esperanza y la Estrella frente a frente, a escasos metros saludándose las dos vecinas más queridas de Triana, el año que viene quien sabe si la historia volverá a repetirse a la inversa.

 Todavía quedaba barrio, no había prisa por llegar a la capilla. Al llegar a Santa Ana habló el mudo, como Juanma Cantero anunció a sus costaleros: “...está llamá la va a hacer el único capataz de Sevilla que no habla...”, y así lo hizo emocionado con su Esperanza, le salieron las palabras del corazón y la fuerza para tocar el martillo y seguir piropeando a su Esperanza, a su Virgen que desde hace varios meses le esta regalando su presencia en Santa Ana.

Desde Santa Ana a su capilla numerosas lluvias de pétalos desde los balcones, unos balcones que han lucido sus mejores galas durante esta efemérides.

 Y llegó la hora, a las once y media de la mañana a los sones de “Reina de Triana” la Virgen entraba en su capilla, sin adornos y de cara al pueblo sin antes despedirse de toda Pureza. La ultima composición musical fue la Salve Marinera interpretada por sus costaleros al arriar el paso en la capilla y por todos los allí presentes que hasta el ultimo momento querían estar con su Esperanza.

Quedaban atrás miles de personas que la vieron, catorce horas de camino para algo más de dos kilómetros y medio, algo excesivo eso sí, numerosos Vivas unos más acertados que otros, petaladas, emociones y sobretodo recuerdos, recuerdos de lo vivido hace un cuarto de siglo.

Algunos detalles también son dignos de mencionar, las flores que recordaban aquel día, el cambio en los flecos de las bambalinas recuperando la forma dentada, la posición de las manos de la dolorosa apretándose el dolor a la vez que nos ofrece la rosa, etc.

Todo ello, y también lo malo, que lo hubo y todo hay decirlo tiene cabida en esta también magna crónica escrita por un servidor que también estuvo hace veinticinco años, y en que mejor sitio que en el vientre de mi madre, que con todo el valor del mundo fue capaz de vivir con cinco meses de embarazo toda la procesión de la coronación de la Esperanza junto a mi abuela, la más trianera del mundo, nacida frente a la capilla y a la que le dedico hoy esta crónica gráfica y escrita de todo lo que he vivido.

Fotos: Eduardo Fdez. López









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