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La Inmaculada alada del Sol y los faroles del Santo Entierro


 Francisco Santiago. Hemos de reconocer que la Hermandad del Sol ha apostado fuerte en cuento a lecturas religiosas para configurar todo el colorido e interpretación de la simbología Mariana.

El Sol y la media Luna, las estrellas, el dragón o la propia inmaculada alada (no confundir con el arcángel San Uriel, el encargado de retirar los malos espiritus), que la Hermandad del Sol estrenaba en la calle central de su palio, todos son parte de las lecturas del libro bíblico del Apocalipsis.

Como es habitual en las lecturas bíblicas, todo hay que entenderlo metafóricamente, para la comprensión del pueblo en general (y de aquellos primeros tiempos).

De hecho, las alas no dejan de ser una simbología más, que en este caso representan protección de Dios a su pueblo y las primeras representaciones ya surgen en el siglo X, aunque la más conocida es la representación de Durero (siglo XV), concretamente el grabado titulado “La mujer vestida de sol y el dragón de siete cabezas”.

Esta visión de la Mujer del Apocalípsis, fue perdiendo importancia en Europa con la representación de la Inmaculada Concepción tal y como ha llegado a nuestros días desde el siglo XVII, mientras que en Hispanoamérica cobraba protagonismo en el siglo XVIII hasta llegar a la imagen de la Inmaculada alada, patrona de Quito.

Esta simbología se convirtió en instrumento elocuente que señalaba a la Virgen Inmaculada como portadora de la promesa del establecimiento de un nuevo orden fundamentado en la Justicia de Dios y, en el ámbito espiritual, la reformulación y conversión de la sociedad quiteña, siempre de connotación positiva. La Virgen Apocalíptica aparece victoriosa ante los fieles revestida de fortaleza para conciliar los conflictos humanos y para derrotar una vez más a la serpiente causante de todo error.

Con toda esta explicación, simplemente hemos querido aportar un poco más de conocimiento al por qué de los colores, los símbolos y la imaginería de esta Hermandad del Plantinar, aunque en ningún modo se pretende dar “calidad artística” a la imagen que acompañaba a la Dolorosa, al igual que reconocemos que no hay faroles más de Ikea (made in Diego J. Geniz) que los del Santo Entierro y nadie ha puesto el grito en el Cielo (de Sevilla, por supuesto).

 

Bibliografía: Pacheco Bustillos, Adriana. La Virgen Apocalíptica en la Real Audiencia de Quito: Aproximación a un estudio iconográfico. Universidad de Granada. España

Fotos: Francisco Santiago









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