Opinión. Con las vergüenzas al aire. El Diputado de Cruces.
Así, con las vergüenzas al aire, es como me siento y sé que muchos otros que como yo han apoyado a la hermandad de la Resurrección en los últimos años se sienten igual. Hemos creído firmemente que con ella se cometía una injusticia, que la hermandad que tiene el honor de cerrar la nómina de la Semana Santa de Sevilla hace más de veinte años merecía hacer la estación de penitencia en la Catedral que marcan sus reglas como hermandad de penitencia (aún en vigor) en las mismas condiciones de seguridad y dignidad que las demás.
Yo mismo he visto coches y motos cruzar las filas de nazarenos blancos en el recorrido de ida a la carrera oficial. He visto pasar coches por la Avenida de la Constitución (cuando no era peatonal) nada más cerrarse la Puerta de San Miguel tras el manto de la Virgen de la Aurora, como si nada hubiera pasado dos minutos antes. He visto cruzar a la cofradía por unos palcos desiertos y empezados a desmantelar y a los nazarenos pisar las telas que en los días anteriores cubrían las vallas de las sillas en la citada avenida (cuando ya era peatonal). He escuchado, de boca de personas que me merecen toda la credibilidad, historias de cómo nazarenos de la Resurrección han sido acosados por esa fauna callejera que nos invade en las madrugadas cuando iban a Santa Marina. Por todo eso y a pesar de no gustarme y no entender eso de los nazarenos en el Domingo de Resurrección y aceptando que eran producto de una coyuntura temporal, a pesar de tener muy serias dudas sobre si la hermandad que rinde culto al misterio de la Resurrección de Cristo debe ser de gloria o de penitencia y puesto que un Cardenal la había erigido de penitencia y que otro no había refutado tal creación, he escrito multitud de artículos defendiendo que el sitio lógico de esta cofradía en la nómina era el Sábado Santo, tras la Soledad. Pero esa idea ha contado siempre con la, para mí, inexplicable oposición de los que se creen dueños de la jornada y de un Consejo General que nunca ha entendido que también representa a esta hermandad.
Y ahora que el nuevo arzobispo se ha pronunciado con rotundidad (aunque, al igual que su predecesor, sólo con palabras y no con hechos que confirmen esas palabras, pero, al menos, hay que agradecerle la claridad), la corporación da un giro total en su postura. Lo siento, no puedo entender que se sacrifique a los nazarenos a seguir saliendo en la soledad (yo diría mejor, en la desolación) de la madrugada con el fin de “disfrutar la mañana” (otra vez la maldita cultura del disfrute que estamos dejando que nos impongan por encima de todas las demás consideraciones), no lo entiendo. Me dicen que es una estrategia. Pues, miren, lo entiendo todavía menos. Aquí, la impresión que se está dando es que el miedo a perder el capirote está primando sobre todo lo demás. En fin, otra prueba más de cómo están las cosas en este mundillo….
Y, lo peor, es que parece que alguien se ha quedado en el camino, dejado de lado por todos, incluyendo a sus hermanos (al menos, eso se desprende de la enorme aclamación que se oyó en Santa Marina tras las palabras del nuevo hermano mayor afirmándose en el nuevo giro que se quiere dar al tema). Me refiero al ex-hermano mayor, un hombre del que ya escribí que ha trabajado mucho y duro por cumplir el mandato que creyó deducir del cabildo general de su hermandad, pero que, bien por no poder, bien por no saber, ha caído siempre mal y, además, le han perdido las formas. Aunque también hay que decir que no ha contado nunca con la más mínima ayuda por parte de sus colegas ni de los miembros del Consejo General, siempre más preocupados en “desactivar” sus movimientos que ocupados en ayudarle a encontrar una solución. Ni con la del prelado anterior, que mostró mucho apoyo de palabra, llegando incluso a confundir sobre su postura (eso es a lo que llaman diplomacia vaticana, ¿verdad?), pero que nunca quiso o pudo refrendar sus palabras con hechos. Y, al final, el hombre ha tenido que cargar sólo con toda la responsabilidad de no se sabe muy bien qué.
No creo, para desgracia los coros autocomplacientes sobre las cuaresmas normales, que este asunto esté cerrado. Volverá, ya verán. Pero a mí, por el momento, me va a costar trabajo y tiempo tapar mis vergüenzas, lo siento.
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