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Cuaderno de Pasión: Las Vísperas. Mª del Amor Rasero Zarraga


Cuando la fe, el amor y la ilusión se aúnan, se pueden conseguir grandes cosas. Todo nace de estos tres pilares y todo parte de ellos. A partir de ahí, todo se hace más fuerte y, a todos, se suman el trabajo diario, el esfuerzo y la dedicación. Esto es, sin duda alguna, lo que se cuece en el corazón de las Vísperas.

Como os decía, sin amor es difícil conseguir lo que Ellas consiguen. Sin ese amor que cada barrio vuelca hacia sus Hermandades, Agrupaciones, Asociaciones…Sea como fuere, en todas, este sentimiento es primordial para realizar lo que Ellas construyen. Amor, ese mismo amor que Jesús de Nazaret desprendía montado sobre un pollino el Domingo de Ramos.

De un extremo a otro de la ciudad, la fe de cada barrio en un punto dado. Todos diferentes, pero no dudéis, allí encontraremos a quien estamos buscando. En el barrio de Pino Montano, con su misterio de verde mirada y su Madre entre bambalinas de ensueño. No hay un Amor más puro, casto y dulce que el de María. Y hablando de dulzura, en Bellavista, el Dulce Nombre de María viene envuelto en un llanto roto, tras su hijo Cautivo, al que, seguro, sus vecinos y devotos piden más que nunca Salud.

Salud…y Clemencia, también piden en Padre Pío. Que su cruz lleve un poco de nosotros, simplemente le rogamos. Y que, su Madre de la Divina Gracia, en su pañuelo, guarde nuestro llanto. Llanto de Desconsuelo y Visitación, de Triana fúnebre tras el madero encarnado. Cristo muere en la cruz el Viernes de Dolores, pero es una muerte bañada por el Guadalquivir, de Pasión y Muerte en sus clavos. Clavos que aún no han rozado las manos de Nuestro Padre de la Misión, que arrastra los pies entre un monte de rosas rojas, buscando María el Amparo en un Heliópolis, que deja su corazón en el misterio enclavado.

Caridad, también de la mano de la fe, el amor y la ilusión. Si no, váyanse a San José Obrero y observen la gran labor a los pies del Señor. Así, los Dolores son menos penas y son alegrías más llevaderas. Son dolores, de milagrosas maneras, envueltos en Esperanza. Esa que tanto nos hace falta, también presente en las Vísperas. Como la que lleva Nuestro Padre Jesús de la Corona en su cruz, a esa que abraza entregado a ella por completo.

La Milagrosa, en el barrio de Ciudad Jardín, y Bendición y Esperanza, en el barrio de las Tres Mil viviendas, nos dan una mano de Esperanza, desde la más humilde a la más pudiente, recordando que rezamos al mismo Dios, sea cual sea nuestro estatus social. No os sintáis cautivos de la duda, no os dejéis manipular por el miedo del desconocimiento. También encontraréis a Jesús y a su Madre en Torreblanca, barrio humilde como muchos otros, que sin conocerte, te abre las puertas de su casa.

¿No está Dios en cada barrio? ¿No es María la misma en cada rincón de está ciudad? Busquen en las Vísperas, Ellos les darán la mano. Porque con amor, fe e ilusión todo se consigue, solo hay que intentarlo. Ellas ya lo han hecho, ahora nos toca a nosotros, porque sin las Vísperas… ¡ay, qué sería de nosotros sin Ellas!