La Madre de Dios. Mª del Amor Rasero Zárraga
“No habrá Madrugada que no te sueñe, ni gota de cera entre mis manos que no acompañe a tus lágrimas.”
Volvemos a estar cara a cara, y eso significa que pronto me llamarás para alumbrar tu camino. Significa que todo está dispuesto, porque Él ya ha marcado el tiempo en el reloj del corazón. Todo apunta a una nueva luna llena de emoción, de noche sin palabras en la que todo se dice con miradas.
Miradas, Madre, como la nuestra. Como la que intercambiamos en un beso pueril, pero no menos apasionado. Ese beso que se pierde en tus ojos y, a la vez, mi llanto entrecortado se ahoga entre tus lágrimas. Y en ese puñal en tu corazón traspasado, me dejas entrar con un Ave María, reflejándome en tu carita de porcelana.
Es tu besamanos, María, y todos han venido a verte. Todos, Madre, hasta los que, sin querer, te olvidan en esa oscura Madrugada. Han venido todos, se han asomado por la puerta y no han podido evitar quedarse de tu Mayor Dolor prendados. Porque lo tienes todo, y todo lo tenemos nosotros contigo.
¡No vas a tenerlo todo, si el Señor de tu belleza es testigo! Madre de eterna hermosura, de finas hechuras y cintura virginal, eres la mujer perfecta a la que ilumino el camino en la noche de los sueños. Y tú, a cambio, iluminas mi vida cada día, ¿Qué mejor regalo?
Tú, tan guapa y tan divina, ofreciendo tu mano a todo el que ante ti se arrodilla; ante el niño que no llega más que a tu cintura y su padre lo eleva hasta tu altura; a esa señora a la que los años no la dejan llegar y entre todos la ayudamos a llevarse tu ámbar entre los labios. A todos, Madre, a todos se la ofreces. Aunque siempre estés a su sombra, bien sabemos que tú no estás a oscuras.
Porque tú eres la luz,
lo sabe todo el que le sigue,
Mayor Dolor y Traspaso:
¡La Madre de Dios!
A María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso.
A mis Hermanos.
Foto: Fco. Javier Montiel.