La Hiniesta Gloriosa, entre plata, cera y flores, preside su altar de triduo en Santa Isabel
Fco Javier Montiel. La Iglesia Conventual de Santa Isabel vuelve a llenarse de Hiniesta. María Santísima de la Hiniesta Gloriosa Coronada preside desde su altar de cultos la celebración del solemne triduo que la Hermandad dedica cada mes de septiembre a su titular letífica, en unos días especialmente vinculados a la historia de Sevilla y a la devoción de la ciudad hacia la Virgen.
La Hiniesta Gloriosa aparece especialmente solemne. El altar levantado para el triduo sitúa a la Virgen en el centro de una composición marcada por la simetría, la cera, la plata y las flores.
La Santísima Virgen se encuentra entronizada bajo un elegante templete de plata, con el Niño Jesús en sus brazos y rodeada por su característica ráfaga. El conjunto queda enmarcado por un amplio aparato de candelería que asciende a ambos lados, creando una auténtica muralla de luz que dirige la mirada hacia la imagen.

A los pies del templete se dispone un cuidado exorno floral en tonos blancos y rosáceos. Grandes centros de flores se sitúan en distintos niveles, mientras que una extensa franja floral recorre la parte inferior del altar. La composición gana profundidad gracias a la disposición escalonada de la cera y a la combinación de plata, flores y elementos dorados.


El resultado es un altar clásico y solemne, concebido para que la mirada termine inevitablemente en la Virgen. El dorado del retablo de Santa Isabel sirve además como extraordinario telón de fondo, haciendo que la plata del templete y la ráfaga de la Hiniesta destaquen todavía más.

La escena recuerda, de alguna manera, que los cultos de la Hiniesta Gloriosa no son únicamente una cita anual de la corporación. Son también una de esas tradiciones que hablan de la relación secular entre una advocación y una ciudad.
Tres días ante la Virgen
Durante los días 5, 6 y 7 de septiembre se celebra el solemne triduo en honor de María Santísima de la Hiniesta Gloriosa. Cada jornada comenzará a las 21:00 horas, después del rezo del Santo Rosario, ocupando la sagrada cátedra Francisco José Pérez Camacho, S.D.B. El último día concluirá con la exposición y adoración de Su Divina Majestad y la solemne bendición sacramental.



Las jornadas de culto tendrán además un significado especial en el recuerdo de los hermanos difuntos por quienes se aplicarán las intenciones de cada día.


Será el martes 8 de septiembre cuando llegue la jornada más vinculada a la historia de Sevilla. A las 21:00 horas se celebrará la Solemne Función Votiva dedicada a la Virgen, que estará presidida por Amador Domínguez Manchado, párroco de San Julián y Santa Marina y director espiritual de la Hermandad.

A ella asistirá el Ayuntamiento de Sevilla bajo mazas y, durante el ofertorio, la Corporación Municipal renovará el Voto de Acción de Gracias instituido en 1649. La Coral Polifónica Virgen de la Hiniesta intervendrá durante la celebración.
Una promesa que Sevilla mantiene desde 1649
El 8 de septiembre no es una fecha más para la Hiniesta. Es el día en el que Sevilla vuelve a poner de manifiesto su histórica vinculación con la Virgen de la Hiniesta Gloriosa.


El origen del voto se encuentra en la epidemia de peste que asoló la ciudad en 1649. El Ayuntamiento de Sevilla estableció entonces un voto perpetuo de acción de gracias por el final de aquella epidemia, una tradición que se ha mantenido hasta nuestros días y que cada año se renueva en la Función Votiva.



La propia historia de la Hermandad recuerda cómo la Virgen fue reconocida como patrona y protectora de Sevilla y cómo su devoción quedó estrechamente ligada a la ciudad. En 1671 quedó entronizada en el retablo mayor de San Julián, donde presidió durante siglos la vida de la corporación.

También permanece en la memoria su Coronación Canónica, concedida por san Juan XXIII en 1959 y celebrada en la Catedral de Sevilla en 1974. Posteriormente, en 1990, recibió la réplica de la Medalla de Oro de la Ciudad y en 1999 el Ayuntamiento renovó el voto con motivo de su 350 aniversario.


Ahora, mientras San Julián permanece cerrado, la Hiniesta Gloriosa ha encontrado en Santa Isabel un nuevo altar, un escenario diferente, pero la misma devoción.

Ante Ella se encenderá la cera durante tres noches. Se rezará el Rosario. Se celebrará la Eucaristía. Y Sevilla volverá a mirar a su Hiniesta.
Porque hay devociones que no necesitan de un lugar concreto para reconocerse. Basta la Virgen, unas flores, la luz de la cera y el recuerdo de una ciudad que, siglos después, continúa cumpliendo su promesa.
Fotos: Fco Javier Montiel