Meditación a Santa María de Consolación, Madre de la Iglesia
Fco Javier Montiel. En estos días de triduo, la parroquia de la Concepción Inmaculada de Nervión se viste de cera y flores para acoger a Santa María de Consolación, Madre de la Iglesia, titular de la Hermandad de la Sed. Ante su imagen, tallada por Antonio Dubé de Luque en 1969 y bendecida en 1970, el corazón del barrio se inclina para pedir consuelo y aprender de María el camino de la confianza.
Consolación es nombre y misión: María no solo consuela, sino que consuela con los ojos puestos en el Hijo. En su rostro sereno y compasivo, los cofrades de la Sed reconocen a la Madre que acompaña en la sed de Cristo y en la sed del hombre: sed de justicia, de paz, de amor que no abandona. Bajo su manto azul celeste, alegoría del cielo y de la Inmaculada, se refugian quienes buscan amparo en la enfermedad, en la soledad y en la prueba.



Madre de la Iglesia: así la proclamó Pablo VI en el Concilio, y así la vive esta hermandad, la primera en adoptar esta advocación mariana en una dolorosa. En los barcos que surcan el manto y en el rosario que aprieta entre sus manos, late el misterio de una Iglesia que navega, a veces con temor, siempre sostenida por la intercesión de María. Ella no dirige la barca, pero señala al Timonel: su Hijo, Jesús, Agua Viva que sacia toda sed.




En el triduo, la palabra ilumina este misterio: María, Consolata, acogió la Palabra y la hizo carne; por eso corre presurosa al encuentro de nuestra vida, llevando a Jesús a quienes más lo necesitan. Ante el altar, cada fiel puede poner su sed: sed de perdón, de esperanza, de sentido; y dejar que la Virgen la transforme en oración, en entrega, en caridad concreta hacia el hermano que sufre.


Santa María de Consolación, Madre de la Iglesia, enséñanos a consolar como tú consuelas: sin ruido, con presencia; sin condiciones, con ternura; sin cansancio, con fidelidad. Que tu triduo sea semilla de conversión y escuela de amor: para que, saciada nuestra sed en la Cruz, sepamos llevar a otros el agua viva que solo Cristo da.





Fotos: Fco Javier Montiel