El esplendor barroco vuelve al retablo mayor de la Capilla Sacramental de Santa Catalina
Arte Sacro. La Capilla Sacramental de Santa Catalina vuelve a lucir con todo su esplendor. Tras varios meses de trabajo, el retablo mayor ha recuperado buena parte de la lectura y luminosidad que habían quedado ocultas por el paso del tiempo, gracias a una intervención de conservación y restauración promovida por la Hermandad de la Exaltación con el respaldo de las subvenciones de Arte Sacro de la Junta de Andalucía.
La reapertura de este espacio tan singular de la iglesia de Santa Catalina contó con la presencia de la delegada de Cultura de la Junta de Andalucía en Sevilla, Carmen Ortiz, así como del presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla y del delegado del Jueves Santo.




La actuación ha sido ejecutada por Conservación y Restauración de Bienes Culturales S.L. (CREBIC), cuyos trabajos comenzaron en febrero y finalizaron en agosto. El objetivo ha sido claro: garantizar la conservación de una pieza fundamental del patrimonio de la Hermandad y recuperar la correcta percepción de sus valores históricos, artísticos y, especialmente, devocionales.
Una joya del barroco sevillano
El retablo mayor de la Capilla Sacramental es uno de los grandes ejemplos de la retablística barroca de Sevilla. La documentación de CREBIC sitúa su ejecución entre 1748 y 1755 y señala la intervención de Felipe Fernández del Castillo y Benito de Hita del Castillo. El conjunto, de aproximadamente ocho metros de altura por cuatro de anchura, está realizado en madera y presenta una extraordinaria riqueza de dorados, policromías y estofados.



La Capilla Sacramental, diseñada por Leonardo de Figueroa a comienzos del siglo XVIII, constituye por sí misma uno de los espacios más destacados del barroco sevillano. En ella se reúnen arquitectura, escultura, pintura, yeserías, mármoles, dorados y elementos ornamentales en una composición de enorme riqueza.



En el centro del retablo se encuentra la Inmaculada Concepción, obra de Benito de Hita y Castillo, que preside el conjunto desde su camarín. La acompañan las representaciones de Santo Tomás de Aquino, San Juan Nepomuceno, San Sebastián, Santa Justa y Santa Rufina, además de los cuatro Evangelistas vinculados al Sagrario.




Rocallas, volutas, motivos vegetales, ángeles, serafines y el característico pabellón superior completan una composición en la que el barroco alcanza una de sus expresiones más exuberantes en el interior de Santa Catalina.




La propia Inmaculada ya había sido objeto de una intervención de restauración anterior, culminada con su reposición al culto en 2023, recuperando entonces buena parte de su policromía y del color de los estofados de sus vestiduras.
Una restauración estudiada hasta el último detalle
Antes de comenzar los tratamientos se realizó un exhaustivo estudio del estado de conservación. La intervención incluyó documentación fotográfica y gráfica, examen organoléptico, iluminación normal y rasante, pruebas, ensayos, catas y análisis estratigráficos de los dorados y policromías.



Estos estudios permitieron localizar diferentes alteraciones, entre ellas levantamientos de los estratos de dorado y policromía, pérdidas, grietas, fisuras, depósitos superficiales, acreciones e intervenciones realizadas en épocas anteriores.
Uno de los principales retos fue precisamente la diversidad de materiales y estratos presentes en el retablo. Las pruebas demostraron que no era posible aplicar un único sistema de limpieza a todo el conjunto, por lo que los procedimientos tuvieron que adaptarse a las características y respuesta de cada zona.
Los trabajos han incluido la eliminación de depósitos, fijación y consolidación de los estratos, actuaciones sobre el soporte de madera, estucados, reintegraciones volumétricas y cromáticas y la aplicación de protecciones finales. Todo ello siguiendo criterios de mínima intervención, compatibilidad, estabilidad y discernibilidad.
Las reintegraciones se han planteado sin recurrir a reconstrucciones hipotéticas y manteniendo una diferenciación adecuada respecto a la materia original. También se han estudiado individualmente las intervenciones anteriores para determinar su tratamiento en cada caso.
Cuidar hoy para conservar mañana
La restauración no termina con la retirada de los andamios. Los responsables de la intervención han establecido también un plan de conservación preventiva destinado a garantizar la estabilidad del conjunto durante los próximos años.


El programa contempla el control continuado de las condiciones ambientales, inspecciones visuales mensuales, revisiones más detalladas cada seis meses y una inspección técnica integral anual por profesionales cualificados. Además, se establece una revisión integral cada cinco años, o antes si las circunstancias lo aconsejan.
La intervención ha sido posible gracias a la subvención de conservación y restauración de bienes muebles concedida por la Junta de Andalucía a la Hermandad Sacramental de la Exaltación. El proyecto ya figuraba entre las actuaciones de restauración patrimonial sometidas a valoración por los organismos culturales de la Junta.
Ahora, una vez concluida la intervención, la mirada vuelve a dirigirse hacia el centro de la Capilla Sacramental. Allí continúa la Inmaculada, rodeada de santos, ángeles y dorados, pero con una presencia renovada.
Santa Catalina recupera así una parte esencial de su patrimonio. Y la Hermandad de la Exaltación vuelve a poner en valor un legado que no solo pertenece a sus hermanos, sino a toda Sevilla.

Porque conservar un retablo como este no consiste únicamente en preservar madera, dorados y policromías. Es mantener viva una historia de fe que, generación tras generación, continúa encontrando su lugar ante el Santísimo Sacramento.
Fotos: Archivo Hdad de la Exaltación