Soneto a María del Dulce Nombre. Fco Javier Montiel
Al contemplar, María, tu belleza,
me acerco hasta la gracia de tu mano,
con el humilde paso del cristiano,
buscando en tu mirada la pureza.
Tu Dulce Nombre vence la tristeza
y se hace ungüento, bálsamo cercano,
cuando se posa el labio más humano
sobre la flor que guarda tu grandeza.
Se detiene el reloj, calla el lamento,
al susurrar tu nombre de María,
y al entregarte todo el pensamiento.
En este beso dejo el alma mía,
buscando en tu regazo mi sustento,
¡oh, Dulce Nombre, aurora de mi día!








Fco Javier Montiel