Ya queda menos. Siempre bajará a tu encuentro. Alberto De Faria Serrano
Hoy te despertarás a toda prisa. No es un día cualquiera. Quizás te desvele el sueño Ella misma con la insondable emoción de un día que debe tener su afán concentrado. Sabes que la emoción del reencuentro removerá todas tus sensaciones desde primera hora; hasta el desayuno te sabrá distinto. Caminarás raud@ con una lozanía inaudita hasta la parada del 27 susurrando Coronación en la banda sonara de tu alma. Te mecerás sobre los pies al entrar en tu puesto de trabajo y no te importará el comentario de más ni de menos. Sabes que nada te detendrá y cada vez que cierres los ojos verás los suyos deslumbrantes que te llaman para que no te ausentes en la anochecida de la Resolana.
Paladearás la cuenta atrás con la vibrante expectación de quién tiene ante sí un día señaladísimo en el calendario vital e inaprensible de sus vivencias. En casa dejaste ya todos los recados dichos y las tareas encomendadas. Y te pertrecharás minuciosa y parsimoniosamente para el centelleante instante. Cuando presagias la muralla se abre ante ti la Puerta de isthar de la Babilonia Sevillana que nos concita a todos. Es un Arco de bienvenida de la Alianza del Nuevo Futuro que se renueva cada año. No hace ni cinco días que besaste la mano inmaculada del milagro y ahora has de afrontar como la preparan para ser Luz del Mundo y la Paz de los hogares. El cancel del Atrio es el símbolo que te hermetiza espiritualmente y te inhibe la frecuencia de cada latido de tu corazón porque ya no eres dueño de él. Ella ya la controla y la sintetiza a cada paso que das. A cada pulsación que se te acelera.
Tras la misa llegó la hora. Un silencio de madrugá se apodera de la Basílica y concita al orbe cristiano. Mientras el prioste la despoja de la riqueza que hoy le pesa y le sobra, los puños se te cierran solos conteniendo tu plegaria. Algunos ojos se han humedecido antes de lo previsto y antes que caiga el telón para la intimidad de su bendita casa de espejos, ya te habrás sin aliento casi sin respiración.
En el interludio ante la puerta serás un manojo de nervios. Una espera sin vivir. Una cita con la vida. Y toda lo que dura una vida sin espera. Sabes que tarde o temprano aparecerá. Que merece la pena el frio y hasta el cansancio. Nada te detiene y un halo inaprensible e invisible de candor se erigirá en heraldo de su aparición. Cuántos cuellos expectantes! Cuántas pupilas como platos. Cuántos vellos de punta!, Cuantas vivas y guapas silenciados se guardan ya para mañana!
Se contienen hasta casi la extenuación; al fin, se abre las puerta del cielo y baja pasito a pasito de la joya de su camarín; verso a verso de la oración sigilosa que la envuelve; imploración a imploración ante la devoción y la Esperanza hecha carne y ante tus ojos. Con la misma delicadeza que se difiere hacia una madre enferma. Con el mismo mimo con que se trata a una hija dubitativa, los hermanos la conducen, la ensalzan y la expresan los primeros anhelos de estos días.
Es la Esperanza. Pa que más.
La besarán con la sencillez con que se besa a una hija cada noche y a cada roce de labio se embelesará aun mas si cabe su azabache alabanza que le brota del velo.
Pero mientras llega esta noche ahora aquí esperando, solo con cerrar tus ojos, ya la ves. Siempre única sí, pero adorable. Siempre intransferible sí, pero entregada a los suyos. Siempre majestuosa sí, pero calida y cercana. Siempre áurea sí, pero humilde por todos mimada y venerada. Esperanza infinita. Esperanza eterna.
Dime; ¿a q ya tenias ganas de verla despojada de su oropel habitual y hasta sonriente de estarlo?
Su autentica devoción es un regalo para la vista y para el aprendizaje sincero y verdadero de la naturaleza de Maria. La mejor Esperanza quizás no sea ni la que mora en San Gil, ni en San Roque, ni en San Martín, ni en la Calle Castilla. Ellas son nuestras Madres sevillanas celestiales que llevan cosido al brocado de su nombre nuestra carne verdadera y nuestros sentimientos más entusiastas. Es la Esperanza.
Así es Ella. Porque cuando te inunde la Soledad de cualquier Sábado Santo de tu vida sabrás que siempre estará aquí. Siempre bajará a tu encuentro. Ya queda menos
Foto: Francisco Santiago