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Carlos Amigo Vallejo: "Algunos elementos de la Semana Santa se han convertido en caricatura". Antonio Navarro Anuedo. Diario de Sevilla.


"Nunca me pregunten sobre aquello de lo que no quiero hablar". Así respondía el cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, al ser inquirido por los periodistas, a su llegada la Fundación Madariaga, acerca del debate reabierto en torno a la ubicación definitiva de la hermandad del Resucitado. "He venido a hablar de la religiosidad en la Semana Santa", dijo.

Y así lo hizo. El cardenal formuló en los 40 minutos de su intervención un análisis crítico de las que llamó "siete versiones de la Semana Santa". Según Amigo, algunos elementos de ésta se han convertido en "una caricatura en la que se hacen resaltar algunas características exageradas y otras disminuidas". Para argumentarlo, recordó que "no es infrecuente encontrarse con artículos y pregones que son un alarde literario pero a los que les falta contenido, porque no nombran a Dios".

La primera de sus tesis fue la crítica al "culturalismo agnosticista" según el que se pretende "suplir lo trascendente con valores populistas, como resaltar el simbolismo, ajenos a la fe". La segunda de las versiones que fue motivo de sus objeciones fue la que interpreta "la Semana Santa como un primaverismo con alambiques, en un tópico con aburrida insistencia en textos literarios en los que la belleza suple a Dios".

En su disección del estado de la Semana Santa, el cardenal criticó el "juego retorcido de muerte y vida" en el que compiten las metáforas que definen la fiesta según Sevilla. Una forma de vivirse que, según Amigo, hace que en esos días se incurra en "la cultura de la evasión, que hace que nos olvidemos de nuestras preocupaciones y responsabilidades" en lugar de transformar "la penitencia en estímulo y amor".

El aspecto económico de la Semana Santa no quedó libre del juicio del cardenal. "Se ha hablado de cifras, de negocio, de pernoctaciones; también de coleccionables, de libros; un comercio santo". "Se ha convertido este espectáculo único en un producto para la comercialización y el consumo". Amigo contrapuso a sus siete críticas la autenticidad del contacto con sendas advocaciones religiosas. Respecto del asunto económico, el cardenal se preguntó "¿cuánto daría un sevillano por la imagen del Gran Poder o la Macarena. El amor no tiene precio. La Iglesia de Sevilla es riquísima, pero pasamos apuros para llegar a fin de mes".

La penúltima glosa del cardenal estuvo dedicada a la sublimación del "esteticismo", que "hace que lo bello relegue, anule y ahueque el contenido". Por último, monseñor Amigo se detuvo en la "exégesis laicista" de la fiesta de la Semana Santa: "Se trata de imponer por decreto una visión a la mayoría de los ciudadanos" que describe a las personas religiosas como "alienados". Contra los particularismos sevillanos, Amigo remató: "Con distinta música, es la misma letra: la muerte, pasión y resurrección de Cristo".

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