Arte Sacro
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Ya queda menos. La pirámide de la vida. Alberto de Faria Serrano


 El ocaso del tiempo. La génesis del mensaje. Todo va y viene como un péndulo inexcrutable y se nutre de vida y de muerte a la vez, Parece que no hay brisa que agite si quiera por levedad ni una tela de ninguna de las Marías. Ni que Nicodemo vaya  a perder el equilibrio por un golpe de viento imprevisto.

Se suspende con el arimateo como se suspenden en el tiempo las almas incólumes que custodian los aldabones de los portones del Paraíso. Es el tiempo de la transfiguración y en la Magdalena se transmuta el espíritu  como se quema el incienso para la inminencia del tiempo mejor.

El éxtasis barroco escenográfico se empequeñece desde el instante que penetra el alma de Dios por el lucernario cada amanecer. Allí en la frialdad de un banco postrero,  muy cerca del coro, se sientan los anónimos visionarios que portan la cruz arbórea de sus  cinco angustias de cada día; la soledad del que ha perdido a todos o casi todos sus seres queridos; la enfermedad de quién ha entrado en el declive de sus años dorados, la inseguridad de quién se tambalea a cada paso en su camino; la falta de recursos por una sociedad vertiginosa que desconoce el significado de la palabra caridad; o las dudas existenciales de los que entran apesadumbrados y presos de sus debilidades.

Para ellos está pensado el mensaje piramidal del Descendimiento. En su Nombre está meditada la Dulzura de las palabras mudas del sobrecogedor y lacerante altar de Quinario que cada albor de la ceniza se nos calza con las mejores sandalias avellanadas del alma. Al igual que las del Pescador, ¿cómo no estar calzados y en perfecto estado de revista ante el espectáculo de la Gloria del Redentor que muere para dar vida a los que le contemplan compungidos desde abajo? ¿Cómo no atar a nuestra memoria el cíngulo morado visualizado en nuestras retinas? ¿Cómo no sentir el eco fugaz de un vencejo del crepúsculo de un Jueves Santo? Ya queda menos.

Alberto de Faria Serrano

Foto: Francisco Santiago