Que poquito queda. Salud en el Templo. Alberto de Faria Serrano
Por las veredas ensoñadoras de Socorro de Sol y Verónica atardecerá la brizna impregnada del incienso y de la fragancia que antecede a la Salud. El paisaje sentimental de la memoria cofrade y esencial, no tiene esta vez demasiada fronda y los ventanales y cornisas, se han de inclinar para honrar una madera tan joven pero ancestralmente advocada. Retiene la impronta y la astilla dulce de Ortega Bru. Lleva en su rostro el estigma de la Madre de las Penas de San Andrés.
El brillo del cortejo abrirá a su paso un secreto y certero recoveco de intimismo. Se adueñará presuroso del aire y se condensará rauda la respiración. Nada permanecerá inerte ni indiferente a su paso.; Socorro para un Cristo recién salvado. Sol para una hermandad que brilla con luz propia. Y Paño de Verónica para grabar a fuego el mensaje tan diáfano como directo. No hay mayor acto de amor que la entrega absoluta. No hay más sinceridad cristiana que asistir a los que sufren. No hay mayor autenticidad cofrade que llevar la Salud como promesa.
Como un solo eco silencioso, golpeará las puertas del Templo y se abrirá la de la misma Salud. Una resquebrajada y revestida con la túnica morada de los que cargan con la cruz de todos los días sin apenas quejarse. La otra desnuda ensangrentada y entregada a su suerte y a su destino. Salud a porfía. Salud frente por frente. Oración en el Huerto de los Gitanos. Nadie se duerme alrededor. El Cáliz de la Salud se vierte por los presentes y el de la Gloria eterna por la de los ausentes. No caen las lágrimas a borbotones si no la emoción de una sola hermandad. Salud en el Templo de todos y para todos. Rito y sevillanía. La liturgia de los gestos y de los encuentros. Busquemos el olivo y la saeta bajo la Luna. Busquémoslos. ¡Que poquito queda!
A Don Giovanni
Alberto de Faria Serrano
Foto: Juan Alberto García Acevedo