Cuidado con los balcones y las procesiones
Francisco Santiago. Hay veces en que una reacción a tiempo puede quedar en una mera anécdota, aunque si se hubiera demorado o ignorado el problema, sólo Dios hubiera conocido las consecuencias.
La calle Pureza a rebosar de gente ante la inminente salida de la Esperanza de Triana de su capilla para ir a la Catedral. Un balcón con persianas de las enrollables tradicionales, sujeta al techo por cáncamos y varias personas en poco espacio…
La verdad es que los que allí estaban abordaron con seriedad y prontitud el problema y entre todos descolgaron la persiana sin causar ningún percance, pero esto que parece anecdótico, debería ser igualmente causa de revisión para otras ocasiones, porque solucionar un mal a tiempo, puede evitar posteriores quebraderos de cabeza (literalmente).

Fotos: Francisco Santiago