Una pregunta: ¿Todos somos Marta?
Francisco Santiago. Dicen que la “caló” nos atonta y desgana, pero siguiendo esta regla, el día de la concentración en la Plaza Nueva quizás menos de mil personas “fuimos Marta”, a pesar de ser la primera de las tres que últimamente se han desarrollado en este céntrico lugar.
Según fuentes oficiales, unas 12.000 personas estuvieron en ese mismo lugar contemplando a la Esperanza de Triana en el Ayuntamiento y este lunes de magna calor, 60.000 béticos se concentraban para pedir cuentas al máximo accionista de la entidad deportiva.
No es que yo esté reprochando nada a nadie, cada cual es libre de hacer y decir lo que le venga en gana, pero resulta curioso lo pronto que olvidamos esa “solidaridad” de la que tantas veces presumimos y llevamos a gala en esta ciudad acogedora…
Cada vez estamos más solos, ya no hay charlas de vecinos que antaño eran amigos y hoy son meros números en una lista de convocatoria para reunión. Hacemos hermandad cuando hay un paso en la calle y todos vamos enmarañados a pesar de los empujones, pero no somos capaces de ceder en muchos casos un asiento en el autobús a una persona mayor.
Tenemos lo que merecemos y así nos va, porque durante unos días el lema “Todos somos Marta” se hizo convocatoria en hermandades, en asociaciones, en partidos políticos, en la prensa de todos los colores pero el tiempo ya pasó y ahora el olvido es, como es habitual, nuestro compañero de camino.
No, claro que no todos “somos Marta”. Marta del Castillo es su familia y poco más. Lo demás es un atisbo de cordura que dura un instante, un rayo de luz en esta negrura interior que vamos atesorando en este mundo sustraído a la desmesura y la confusión desmedida.
Felicidades Sevilla, una vez más la pandereta y la jarana ha ganado la partida para que sigan reinando en nuestra tierra los típicos tópicos.
Foto: Francisco Santiago