Carta abierta: El cartel apócrifo. Miguel Ángel Leal.
Los griegos denominaban apócrifo a todo aquello que confería lo secreto lo aislado. Apócrifo fueron algunos evangelios que permanecieron apartados de los cauces canónigos a saber por qué causas. Y apartados se ha quedado también un cartel que tendría que haber anunciado el Centenario de la Hermandad del Carmen de San Gil. Apartado por la negligencia y el desgobierno de quienes rigen los designios de esta insigne Corporación que me propusieron por medio de su Hermano Mayor la realización de esta obra pictórica.
Cumplí mi compromiso con la mayor ilusión máxime siendo hermano sustrayendo tiempo a mi familia a mi trabajo y en un corto periodo de tiempo lo concreté y así lo comunique a la Hermandad. La primera sorpresa surgió cuando el Teniente de Hermano Mayor me comunica telefónicamente porque a este hombre le cuesta dar la cara que llevara el cartel a la iglesia y se lo dejara al párroco. Así como quien entrega un paquete y no la realización de una obra con toda su carga sentimental.
El asombro fue aún mayor al día siguiente cuando el Sr. Hermano Mayor se pone en contacto conmigo para dar un paso atrás sobre la decisión que él mismo tomara unos días antes y querer hacerme ver que todo se debió a un mal entendimiento por mi parte. Le recuerdo sus palabras y lo único que obtengo es su silencio y la desconsideración de la Junta de Gobierno hacia mi persona y hacia un hermano demostrando una falta de caridad y respeto hacia mi trabajo y el cariño puesto en cada pincelada.
Malos tiempos corren en esta Hermandad cuando su futuro está en manos de personas que no entienden el valor de las palabras que desoyen los conceptos básicos por los que debe regirse una Hermandad que sólo pretenden pasar a la historia de la misma aún a costa del sacrificio de los demás de la inmolación de sus Hermanos en el truculento fuego de los intereses propios sin más ética ni moral que las que dictan sus conductas de provecho. Las Hermandades se hacen grandes con entrega y servicio cumpliendo los preceptos marcados por Cristo y no con desidia y servilismo ni con engaños ni confusas argucias que hagan recaer la culpabilidad de los hechos en los demás. Hay que saber aceptar los errores.

Foto: Cartel obra de Miguel Ángel Leal.
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