De nuevo en casa al calor de la oración. Fray Juan Dobado
Se ha hecho un poco largo, pero ha merecido la pena. El Cristo de Montañés ya está de nuevo en casa, se la ha encontrado arreglada y muy bien preparada, restaurada la cúpula y pinturas de los muros y, sobre todo, con el calor de la oración de sus numerosos fieles y devotos que preguntaban continuamente cuándo llegaba.
Sabemos que ha hecho mucho bien entre los numerosos visitantes de la exposición en Londres y Washington, hasta el punto de convertirse en la imagen de referencia en ambas ciudades, que lo han reproducido incansablemente en todos los medios. Pero sobre todo se ha quedado grabado en lo profundo del corazón de tantas miles de almas que no olvidarán la dulzura de su rostro y la entrega de su amor sin límites.
Nos han escrito diciéndonos las lágrimas que han bajado por las mejillas de muchos que pasaban bajo su esbelta figura y quedaban atrapados como por un imán al contemplarlo.
Vuelve de nuevo a ocupar, junto al Santísimo, su lugar de honor en el Santo Ángel, con el deseo de pasar junto a él largas horas de oración y de acción de gracias, a escuchar los cantos de sus carmelitas descalzos.
Si una imagen vale más que mil palabras, hay que dar gracias al Señor por todo lo que Él ha querido transmitir en este viaje misionero de su Venerada Imagen: mensajes de entrega, de humildad, de dulzura, de templanza, de solidaridad, etc. Todos tan necesarios en nuestro mundo de hoy.
¡Gracias, Señor, sigue enseñándonos cada día tu lección callada!
Fotos: Francisco Santiago