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«Espero que mi caso no influya en la abolición del celibato entre los sacerdotes». José Luis Zurita. La Razón Digital.


José Luis Zurita. Santa Cruz de Tenerife- A Evans David Gliwitzki (Zimbabue, 1940) le supera eso de ser el actor principal del primer caso en España de ordenación como sacerdote católico de un ministro anglicano casado. No quiere más protagonismos que los que merece su ministerio, aunque, eso sí, actualidad obliga, plegó velas durante la larga mañana del lunes para atender, obedientemente, al continuo asedio de periodistas de medio Mundo: Estados Unidos, Colombia, Reino Unido, Panamá... y, por supuesto, España. Apenas lleva unas horas como presbítero después de recibir el sacramento de la ordenación el domingo por la tarde en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, en Tenerife. Correctamente ataviado como sacerdote, de su vestimenta sólo llama la atención un colonial y elegante sombrero de paja que, en modo alguno, desentona en su porte. Apenas habla español y una alianza en su dedo anular derecho desvela su estado civil.
   – ¿Cómo se fraguó su marcha de la Iglesia Anglicana?
   – No fue fácil, pero surgió en el año 1992 a raíz de la autorización para la ordenación sacerdotal de mujeres en la Iglesia Anglicana. Este cambio no me gustó, así como otros que también se han producido en los últimos años, pero que prefiero no comentar.
   – ¿Se refiere a la polémica de la homosexualidad?
   – No quiero entrar en esa cuestión...
   – ¿Por qué la religión católica?
   – La Iglesia católica siempre ha sido mi casa. Además, mi padre era católico.
   – ¿Y su madre?
   – No, ella era anglicana, y me educó en esa fe.
   
El apoyo de sus allegados. – ¿Cómo han vivido su esposa y su dos hijas su conversión al catolicismo?
   – Muy bien. Están muy felices. Mi mujer siempre ha sido católica y mis dos hijas, que eran anglicanas, también se han convertido al catolicismo.
   – ¿Por qué rechaza la ordenación de las mujeres?
   – Jesús designó como apóstoles a hombres. También conocía a mujeres, como a Marta o María Magdalena, pero a ellas no las eligió.
   – ¿Cómo ve la situación de la Iglesia Anglicana?
   – Debería considerar su unión con la Católica y revisar algunas posiciones que está tomando.
   – ¿Teme que su situación personal como hombre casado influya en la abolición del celibato entre los sacerdotes católicos?
   – Espero que no. Además, no es la primera vez en el mundo que un ministro anglicano casado se ordena sacerdote católico. En el Reino Unido se han dado muchos. Mi caso, como el otros, es una excepción y se produce porque provengo de una comunidad que sí contempla el matrimonio de sus ministros.
   – ¿Teme alguna reacción negativa entre el clero de Tenerife?
   – Muchos me han dado ya la bienvenida y otros están recelosos. Espero que la mayoría lo acepte.
   – Desempeñará su labor pastoral en la parroquia del Espíritu Santo en la localidad turística de Los Acantilados de los Gigantes. ¿Espera una buena acogida por parte de sus futuros feligreses?
   – Es mi deseo. Si estoy aquí es porque Dios así lo ha querido. Quiero colaborar con mi esfuerzo. Hay mucho trabajo por hacer.
   – ¿Y de los turistas anglicanos?
   – Les enseñaré que no hay que ir contra los católicos. Que todos somos hermanos e iguales.
   – ¿Piensa quedarse en la Isla o volver a su país natal Zimbabue?
   – Quiero quedarme en Tenerife. A mis casi 65 años ya no tengo espíritu para más viajes.
   – ¿Qué opinión le merece el nuevo Papa, Benedicto XVI, al que conoció en su etapa como cardenal?
   – Muy buena. Alabo su espíritu ecuménico como continuación a la labor que realizó Juan Pablo II. Debemos trabajar con otras religiones como medio para alcanzar la paz en el mundo.
El aval de Ratzinger De padre polaco y católico y madre anglicana, Evans David Gliwitzki, de 64 años, ha pasado toda intentando que ambas religiones «caminen juntas». En 1984, cuando ya estaba casado con Patricia, una enfermera también católica y tenía dos hijas, se ordenó pastor anglicano en Zimbabue, de donde es originario. Pero, ocho años más tarde, a raíz de los cambios que se produjeron en la Iglesia Anglicana, que permitió a las mujeres ordenarse, supo que su verdadera vocación era ser sacerdote, pero católico. Entonces inició el camino para la conversión, primero y para el sacerdocio, después, que finalizó el domingo, en Tenerife, donde lleva más de cinco años. El Papa Benedicto XVI ejerció, cuando todavía era el cardenal Joseph Ratzinger, de «mentor» para Gliwitzki, pues fue él, entonces guardián de la Doctrina de la Fe, solicitó al Papa Juan Pablo II la dispensa para que pudiera ser ministro de la Iglesia Católica estando casado. Todo terminó el domingo con una «emotiva ceremonia» de ordenación sacerdotal a la que asistieron su mujer, sus dos hijas y su nieta.

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