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Un mes carmelitano inolvidable. Moises Viretti


 Todo empezó en San Leandro y hasta hace pocos días terminó en Calatrava; San Gil brillaba con su hermosura a mediados de mes, al igual que el sevillano barrio de Santa Teresa cuando la Reina de los mares visitaba la residencia canónica de los candelarios gloriosos; esplendor por una procesión fluvial inolvidable, y una procesión triunfal que devotos carmelitas no dejaban sola a su madre por las calles de la vieja alameda.

Tengo que reconocer, que me siento muy devoto de su advocación, son muchas las mujeres en mi familia que llevan su nombre y además por todo lo vivido en este bendito y caluroso mes veraniego que tengo el orgullo de cumplir los años de mi vida. Mi primera representación como Hermano Mayor, ella; mi primer contacto para vestir a nuestra Candelaria, ella; la primera virgen que llevé en andas hasta el glorioso Guadalquivir, ella; mi primera misa de acción de gracias, ella; y las flores con eterna fragancia al amor del Carmen llevadas hasta los pies de mi Candelaria, ella.

Es casi inexplicable la sensación no solo de un Hermano Mayor, si no de un simple devoto, del trabajo, esfuerzo, cariño, amor y compromiso que ponen sus hermanos carmelitas en cada una de sus distintas corporaciones; todos los actos del mes de Julio a los que asistí serán inolvidables, pero tengo que confesar que no todos los días se tiene la oportunidad de llevar entre sus hombros a la Madre de Dios y saber que se encamina hacia el río para bendecir el horizonte, y entre petaladas de emoción surgía a su vez un silencio de oración por aquellos que nunca llegaron a puerto.

En su manto, se encontraban los exvotos que la mayoría del público citaba, al igual que su majestuoso manto bordado con el escudo carmelitano con hilos de amor y devoción ante un incansable José Antonio Grande de León que quiere lo mejor para la Reina de los Cielos; reina de ternura con animas benditas y fuerte en la tierra, que en tu corona brillantes y corales danzan al son del compás de una marcha procesional; Santa Ángela nos muestra la cruz, y en ella se nos viene a la mente la titular de Hermandad con un rodeo sevillano que nos hace pasar por omnium sanctorum.

Cohetes y sevillanas anunciaban tu final, y definitivamente tiramos al mar el ancla de amor en puerto sevillano donde nos aguarda ese barco de ilusión, que siempre esperará para hacernos el próximo año, un viaje inolvidable de procesión, eucaristía y encuentro de hermanos en el mes carmelitano.

Foto: Juan Alberto García Acevedo.