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Puerta Osario. Rota. Álvaro Pastor Torres


 Uno de los puertos de ese antiguo Reino de Sevilla que un mal día de 1833 remató el polifacético granadino (periodista, dramaturgo, poeta, traductor de Horacio, senador, ministro de Hacienda y siempre afrancesado) Javier de Burgos. El más dulce de los puertos según un bello poema reivindicativo que Rafael Alberti tituló “Rota oriental” y al que el recordado Carlos Cano puso su voz inconfundible.

Rota de ayer, hoy y siempre. De las casetas bicolores con señoras de bañador enterizo agarradas a una maroma, a las jóvenes con las tetas al aire que provocan la indignación –y la envidia- de las “focas” habituales que matan el lento paso del tiempo en la playa con el ganchillo, las pipas (de girasol o calabaza) y las lenguas de doble filo; de las casas de vecinos encaladas al apartamento de medio dormitorio a riñón el metro cuadrado; del arranque campesino –un plato a medio camino entre gazpacho y ajo caliente-, hecho con lo mejor de las famosas huertas del lugar, a las pizzas con ese toque norteamericano que tanto gusta a los inquilinos de la base; de los puntillones comprados en la ferretería Lluyot, a los canis que en la Costilla beben sólo zumo y agua para bajar esos bocadillos talla XXL pero que se fuman a su padre si hace falta liado en un papel OCB, dejando una vomitiva mezcla de olores con los filetes empandados y las papas aliñás de la sombrilla vecina.

Castillo de Luna: heráldicas barras con un león rampante de la casa de Arcos y revuelos de tocas monjiles por las dependencias del viejo hospital; azulejos trianeros del XVIII en la capilla del Nazareno; parroquia de la O, rotunda, fortificada, para evitar los ataques ingleses; veleta del viejo faro con un barco forjado persiguiendo ballenas en mares lejanos; cilla del Cabildo en la calle Calvario; capilla de la Virgen del Rosario, forjada a golpes de plata indiana, y torre de la Merced, junto a la plaza de abastos, donde se vendían las mejores doradas y urtas.

Veranos tranquilos de la infancia, con el pregón de las patatitas del Kay “que mejores no las hay, íntegramente naturales”; siestas en los pinares de La Forestal; variopintas becerradas con lleno hasta la bandera (“El Bimbo” del Puerto –repartidor de pan y pastelitos por la mañana y torero a la tarde-, “El Gotera” –perfil amanoletado y miedo paulista- o Sánchez Romero, un chaval rubio de allí que quería ser torero), y paseos a la playa del Chorrillo o una estación donde aún llegaba el tren desde Sevilla. “¿Dónde están tus huertos,/ tu melón, tu calabaza,/ tu tomate, tu sandía?/ Tú el más dulce de los puertos/ que la fina arena enlaza/ al cuello de la bahía”.

Publicado en EL MUNDO de Andalucía, Edición Sevilla, el Domingo 1-VIII-2010

Foto: Álvaro Pastor Torres.