"A propósito del vocero –y no vocinglero- Fernando Cano" por Marco A. Velo.
Todas las quinielas de las apuestas pregoneras semanasanteras sevillanas suscribían su nombre desde la noche de los tiempos. Un turbulento proceso electoral a Hermano Mayor de la Macarena, un rifirrafe con Palacio, una denuncia elevada a Roma y los ringorrangos propios del barullo cofradiero de cuando entonces –década de los ochenta- levantaron un veto ¿eclesial? sobre su definitivo nombramiento como protagonista del Pregón de pegones. Sevilla ha mantenido durante años -en la feroz y feraz resistencia del calendario y a punta de labios de la querencia popular- la idoneidad de eternos candidatos al atril del Teatro de la Maestranza. Antonio Burgos o el propio Fernando Cano figuraban a la cabeza de estos partos sine die. Ya se sabe: consecuencias del “ni fíes, ni porfíes, ni cofradíes”.
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