Una obra de Cornelio Schut en Cantillana. Antonio Gómez Arribas
Que el éxito popular de un pintor en el siglo XVII en Sevilla se puede medir por el número de versiones que de un mismo tema van apareciendo a lo largo del tiempo, es evidente.
Sin duda, el ejemplo más notorio lo tenemos en Murillo y sus Inmaculadas. Repetidas por el artista en numerosas ocasiones, dan fe del éxito alcanzado por sus modelos no solo entre su clientela más incondicional e influyente, sino también entre aquellos otros que afanadamente buscaban su admirada obra, aun sabiéndola inalcanzable. Para remediar en lo posible tan lejano anhelo, estos últimos recurrían al hacer de otros artistas menos dotados, pero también más accesibles en lo económico y sobre todo sin la pretensión de la originalidad, dando lugar al fenómeno de la copia.
El ejemplo del genio sevillano no es el único, pero si el más sobresaliente, y por ello, nos oculta otros estereotipos menores, aunque no por esto menos interesantes y cargados de singularidad.
Sobre el tema de las Inmaculadas hay sin duda en Sevilla ejemplos variados e importantes en número. También los hay en su provincia, en la que se conservan cuantiosas obras dignas de mención y estudio.
El pueblo de Cantillana conserva uno de estos cuadros en su Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Actualmente situado en la Capilla Bautismal, representa a la Inmaculada Concepción con las manos unidas a la altura del pecho, en ligero escorzo, y dirigiendo a un lugar indefinido la abstraída mirada en actitud de recogimiento; rodeada de ángeles y querubines sigue fielmente, en cuanto a este tipo de obras se refiere, los dictados sevillanos de la segunda mitad del siglo XVII.
Dada a conocer hace algunos años por Lorenzo Alonso de la Sierra y Fernando Quiles como obra de Cornelio Schut, la Inmaculada en la Iglesia de San Isidoro de Sevilla pudo servir como modelo para la versión de Cantillana.
Es el cuadro de San Isidoro más elaborado en la composición, con la puesta en escena cargada de figuras angelicales, siendo la figura central de la Virgen idéntica a la de Cantillana. Del mismo modo, guardan gran similitud los tres ángeles situados en la parte inferior izquierda y dos grupos de querubines de la parte superior del lienzo.
Evidenciando sin duda rasgos del estilo del maestro flamenco, pensamos en la autoría de Cornelio Schut para esta obra hasta ahora anónima, siendo muy posiblemente un encargo eclesiástico para un lugar de culto cercano al pueblo donde hoy se venera.