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"Buenas tardes, por decir algo". Moisés Ruz.


 - "José Félix Romero, Hermano Mayor de la Soledad de San Buenaventura. Buenas tardes."

- "Buenas tardes Moisés, por decir algo..."  

He aquí la frase más citada y enunciada en esta atípica y surrealista Semana Santa. Fue una pesadilla jamás imaginada, ni cuando el físico de moda dictaba el Viernes de Dolores que tras el Miércoles Santo ya veríamos si no salían ni los toros a la plaza maestrante. Y es que, con el permiso de la Aurora, el palio de Regla cerró la Semana Santa, ahí es ná.  

Más del 50 por ciento de nuestras cofradías tenían que decidir sin opción a la esperanza la no salida. Ni prórrogas, ni diez partes meteorológicos, ni siquiera encomendándose uno a la piedad y misericordia de San Pedro. No había opción a la duda, era mirar al cielo, sacar la mano por la ventana del despacho del Hermano Mayor y dictar la sentencia de un año que pasará trístemente a la historia de nuestra Semana Santa.  

La que fue de iglesias, de templos abiertos bajo el desconsuelo de los hermanos. Fueron tardes rotas donde el abrazo de un hermano valía más que mil palabras. Parecía que se tornara sobre nuestro cielo el padecido hace dos milenios en Tierra Santa cuando Jesús expulsó su último soplo de vida carnal. Y por ello, por la lluvia, bajo decenas de techos sagrados tendrán que esperar hasta el próximo año tantos y tantos detalles, emociones, estrenos.  

Porque nada fue lo mismo sin la Buena Muerte facultativa, ni sin luces nazarenas un Martes Santo por los jardines. No se obtuvo el premio de ver y escuchar los sones de la Oliva tras el palio de la Merced, ni comprobamos si hubiera funcionado la permuta entre Montesión y la Exaltación. No intuimos mujeres de penitencia bajo las túnicas de las tres cofradías que completaban una obviedad de igualdad. Las frecsias del monte del Señor de la Fundación se marchitaron ante la mirada del genuino Javi Grado. La Esperanza de Castilla no llenó de luz a sus trianeros, ni de fondo venía mirando al cielo el Dios que aquí apodamos Cachorro. Los de San Buenaventura pasaron un nuevo maltrago como el vivido el pasado mes de marzo con la no salida del crucificado. La luz natural no alcanzó a la nueva joya de los Caballero, el misterio de la Trinidad. Ni este año se escuchó el cerrojazo de San Lorenzo en la soledad del que lo vive porque una nueva Semana Santa llega a su fin.  

Pero nada es lo mismo, no hay Semana Santa si uno no observa por Parras el perfil de la Esperanza Macarena. Allí donde nunca existió una última levantá para el Señor de la Sentencia del más distinto de los capataces, Miguel Loreto. Porque esto no puede haber ocurrido si tan siquiera hemos alcanzado la bendición del Señor del Gran Poder.  

Definitivamente, viendo al Señor Resucitado desperté de esta trágica pesadilla y por vez primera sentí que la 'gran semana' había pasado cuando para uno al menos no había ni llegado. Por eso, hoy, cuando los amigos me saludan les respondo con un "buenas tardes, por decir algo...".