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Opinión. Dichos y hechos (I). El Diputado de Cruces.


La Cuaresma tranquila. Se lo he oído decir a periodistas famosos en este mundo, a destacados dirigentes cofrades, tanto del Consejo General como de las hermandades, a insignes cofrades: por fin hemos tenido una Cuaresma sin sobresaltos, para disfrutarla sin nada que nos distraiga (refiriéndose a los temas que ya todos sabemos). Espero que todos ellos hayan disfrutado tanto de la Cuaresma que al llegar la Semana Santa estuvieran tan cansados de disfrutar (he repetido tres veces la palabra: ¿es suficiente?)  como para no deprimirse ante lo que ha ocurrido en ella, la peor Semana Santa de las más de cincuenta que este diputado ha vivido. Y es que lo de la Cuaresma tranquila, aparte de un intento incomprensible de volver a una niñez sin responsabilidades, es una falta de solidaridad con hermanos nuestros que tienen problemas y a los que les estamos diciendo, con toda claridad, que esos problemas nos molestan.

El Pregón, un tostón. Largo, aburrido, falto de originalidad. ¡Vaya rachita que llevamos! Pero, claro, entre las presiones llegadas desde palacio y desde el ayuntamiento y los numeritos de los últimos años, han quedado pocas opciones. Urge que el Consejo General establezca de manera clara y con plena independencia cómo quiere que sea el pregón que organizan las hermandades sevillanas, para saber a qué atenernos.

Más del Pregón. Aparte de lo dicho antes, hay una pregunta en el ambiente. ¿Para quién se organiza el Pregón del Consejo? Está claro que para los cofrades de a pie, no, pues, si no eres el  “compromiso” de alguien con un poco de mano o parte del protocolo del citado Consejo, no hay forma de conseguir entradas, ya ni guardando cola. Además, si no puedes estar delante del televisor o del ordenador, tampoco puedes escucharlo en directo (créanme que busqué por el dial, pero no encontré nada, señal que es un acto que vende bastante poco; creo que el Consejo debiera preocuparse de la radiodifusión del mismo, aunque sea comprando un espacio radiofónico, si de verdad está interesado en que llegue a la mayor cantidad posible de personas). De momento, el Pregón va camino de convertirse en un acto elitista y, en directo, casi secreto. ¿Eso es lo que se quiere?

El Arzobispo y su auxiliar. Monseñor Asenjo ha aparecido este año en contadas ocasiones por las hermandades durante la Cuaresma, dejándolo todo en manos del Obispo Auxiliar. Y lo mismo ha ocurrido el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión (visitas matinales incluidas). En Semana Santa, ha hecho las visitas matinales y ha estado en la Catedral. El pie de calle (Campana incluida), también para su auxiliar. Que nadie entienda estas líneas como una crítica, que no lo es, sino como la constatación de un hecho. Ahora, a los cofrades, nos toca sacar las conclusiones debidas.

La cultura del disfrute. Lamentablemente, se ha instalado entre nosotros, aunque la culpa no sólo es de los medios de comunicación, que no se cansan de repetir eso de “vamos a disfrutar”, sino también de nosotros, los cofrades, que ponemos en muchas ocasiones lo accesorio por encima de lo verdaderamente importante. Y así nos está yendo, que no sabemos si vamos o venimos, absolutamente desorientados. Lo peor es que estamos pasando esta cultura a nuestros hijos, huérfanos de la auténtica formación cofrade que nos legaron nuestros mayores. Aquí todo consiste en disfrutar, nada más que eso y cuanto más, mejor. Para muestra, un botón. Oído en una radio muy escuchada en Semana Santa. Viernes Santo: “Ahora van a abrir la basílica, para que podamos disfrutar de la talla de Juan de Mesa”. ¡Toma ya! ¿Se puede hacer más daño (sin querer, que es lo peor) con menos palabras?

Los partes. Creo que tanta tecnología, tanto teléfono inteligente, tanta internet y demás, realmente están haciendo las cosas más complicadas que eran antes, además de dejar una imagen negativa. Cada uno interpreta lo que ve de manera distinta, olvidando, en muchas ocasiones, que hay profesionales de la meteorología y produciendo confusión y dudas que en nada ayudan. Antes, las cosas eran más sencillas y simples. Un único teléfono (que sólo conocían el hermano mayor y el diputado mayor de gobierno), una mirada al cielo desde la puerta o el campanario y se tomaba la decisión, generalmente sin demasiada demora de la hora fijada para la salida. Y luego, a apechugar con lo que ocurriera, para bien o para mal. Ahora prima el espectáculo. En fin…. Por cierto, me dicen que “en meteorología están molestos con las hermandades. Mucho llamar, muchas preguntas imposibles de responder, pero luego le hacen caso al otro. Ahora, si la cosa sale mal, la culpa es de los partes oficiales, que estaban equivocados. El año que viene, que lo contraten y no llamen tanto a la agencia”. ¿Será verdad? ¿Y quién es ése otro al que aluden?

Una cura de humildad. Siguiendo con los partes del tiempo, este año hemos recibido una cura de humildad de la que debiéramos aprender. Nosotros, que nos creemos tan importantes y sabios, capaces de entenderlo todo, nos hemos encontrado con una naturaleza rebelde que no se ha dejado domesticar. Con toda nuestra ciencia y nuestra tecnología a cuestas, hemos sido incapaces (incluso los profesionales más cualificados) de acertar lo que iba a ocurrir en cinco minutos. “Mejoría de tres o cuatro horas”, chaparrón fuerte de más de treinta minutos. “Chubasco inminente”, tranquilidad atmosférica duradera. No es que esto haya sido la norma, pero ha ocurrido en más de una ocasión. Lo dicho, para pensar y aprender. Y es que no somos nadie.

diputadocruces@yahoo.es

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