Hoy salida procesional de Ntra. Sra. del Rosario (San Vicente).
Arte Sacro. Ntra. Sra. del Rosario, titular de la Hermandad de las Siete Palabras, saldrá en procesión hoy 1 de noviembre a las 19.00 horas.
Irá por: Cardenal Cisneros, San Vicente, plaza del Museo, Alfonso XII, Puerta Real, Antonio Salado, Alfaqueque, Redes, Baños, Gavidia, San Juan de Ávila, Virgen de los Buenos Libros y Cardenal Cisneros (entrada a las 23.30 apróximadamente).
Referencia histórica.- Según los datos aportados por el erudito don Rafael Jiménez Sampedro, se fundó en 1672 rigiéndose por la regla de la Hermandad del Rosario del Salvador, hasta que en 1692 pudo tener ya su propias constituciones. Durante el famoso terremoto de 1755 su capilla quedó libre de daño y se acordó realizar una función a la Virgen, que con el tiempo vendría a ser la Principal de Instituto. En 1788 se aprobaron nuevas reglas. La imagen de Ntra. Sra. del Rosario, considerada como Patrona del barrio de San Vicente, recibía culto en el recinto que hoy ocupa la cofradía de las Penas. Como dicha capilla quedaba entonces un tanto fuera de la vista (tenía acceso por la parte del presbiterio), se determinó llevar la imagen mariana a la capilla del Sagrario, pues así lo demandaba su gran veneración, y este hecho vino en cierto modo a condicionar o presagiar la historia futura.
Dos importante fusiones determinan el carácter actual de la corporación como suma de varias entidades piadosas: Por un lado la Hermandad del Rosario se une en 1947 con la del Santísimo Sacramento y Ánimas Benditas, y por otro lado viene en 1966 la anexión a la Archicofradía de Penitencia de las Siete Palabras. Durante los últimos decenios sólo ha venido procesionando de manera muy esporádica, en alguna fecha concreta, como por ejemplo 1978, cuando se estimó que hacían 25 años de la última salida (1953).
Referencia artística.- La admirable y señorial escultura de Nuestra Señora parece obra del siglo XVII, cuya calidad se aprecia a primera vista. En el siglo XVIII, siguiendo la mala costumbre entonces imperante, la desmocharon para vestirla (ya en 1777 tenía prendas postizas). Una restauración en 1982, dirigida por Peláez del Espino y efectuada por Escamilla, subsanó en lo posible aquellos daños. Además del precioso rostro de la Virgen, llamamos la atención sobre la figura del Niño, muy vivaz y realista. El fervor de su barrio se tradujo en magníficos elementos, como la corona o la ráfaga de rocalla (juego de orfebrería de José de Guzmán, entre 1778 y 1780). Añádanse a ello los bordados de Manuel María Ariza en 1863, formando un conjunto de espléndida categoría.
Para la procesión actual se usan los airosos candelabros del misterio de las Siete Palabras, la parihuela, jarras y respiraderos del paso de palio, con un par de tandas de su candelería, sobremontado todo ello por regia y colosal peana en forma de templete, obra de Juan José Villarrica Hurtado de Mendoza en 1814, ejecutada expresamente para el Rosario siguiendo el modelo clásico que usan las Vírgenes de Gloria sevillanas. Este escabel fue restaurado por Jesús Curquejo Murillo en 2003. A destacar también el clasicismo del atuendo de la imagen: Manto terciado en la cintura y despejado en torno a las facciones, pecherín sin encajes pero con alhajas. Todo ello de un gusto supremo, exquisito, que al igual que viene ocurriendo con otras dos advocaciones homónimas (el Rosario de San Julián y el Rosario de Santa Catalina), supone la recuperación cierta de los verdaderos e inconfundibles cánones letíficos.
Datos curiosos.- Muy singular era el antiguo paso, que ya no se conserva, con paneles o celosías de madera tallada cubriendo sus cuatro frentes, al cual el vulgo bautizó con el expresivo remoquete de “el gallinero”, pues los costaleros iban encerrados dentro de él como en una jaula. En la memoria de lo perdido se encuentra también el rosario callejero que durante cada día de octubre, recorría la ciudad a prima noche, pasando de una iglesia a otra hasta desembocar a final de mes en su propio templo de San Vicente. Un tercer elemento desaparecido sería la imagencita, obra probable de Cristóbal Ramos, que se adosaba a uno de los Simpecados y que tenía atuendos mudables, a pesar de su reducido formato.
Foto: Juan Alberto García Acevedo.