"Las cofradías no tienen culpa de las carencias de la ciudad". Carlos Navarro Antolín. Diario de Sevilla.
El presidente del Consejo de Cofradías, Manuel Román, analizó en una conferencia pronunciada con motivo del cincuentenario de la institución la actual coyuntura del mundo de las hermandades. Criticó tanto a quienes consideran que estas asociaciones religiosas son lo único importante de Sevilla, como a quienes las culpan directa o indirectamente de una supuesta falta de evolución de la ciudad: "Si alguien desde dentro de las propias hermandades intenta creer que esa marca de ciudad llamada Sevilla se basa única y exclusivamente en la existencia de nuestras cofradías estará cayendo en un grave error. No somos lo único que da sentido a la ciudad, ni siquiera lo más importante. Por eso es total y absolutamente inaceptable el discurso que pretende fijar las carencias de Sevilla en la existencia de nuestras hermandades, a las que no se nombra, intentando así englobar en el término tradición todo cuanto parece oponerse al progreso y a la modernidad".
La disertación, titulada El Consejo símbolo de unidad de las hermandades y cofradías de la ciudad de Sevilla, hizo referencia a los nuevos movimientos de la Iglesia surgidos a finales del siglo XX: "Están basados en una radical unidad e identificación con un líder, están asumiendo un papel fundamental en la vida espiritual de cientos de miles de cristianos. Cabría preguntarse si nuestras hermandades no son capaces de asumir papeles de compromiso tan carismáticos como los de esos nuevos movimientos identitarios, que tan amplios campos de trabajo han contraído dentro de nuestra Iglesia. Después de más de seis siglos de historia, ¿es posible que pueda pensarse que nuestras hermandades se hayan convertido en una reliquia, en un museo, en una atracción turística, porque quizás no hayan encontrado un camino de unidad verdaderamente efectivo, verdaderamente representativo ante la propia Iglesia y ante la sociedad?"
Para Román, el valor del Consejo "no está en su función administrativa, de coordinación, representativa, ni siquiera en el papel que ha de cumplir como animador de la formación o de la acción social, ni siquiera en aquellos aspectos culturales, en los cuales también tiene algo que aportar; ni siquiera en el importantísimo papel que la institución ha jugado y juega a la hora de coordinar la organización del culto externo. Por encima de todo ello, el Consejo es, ante todo y sobre todo, un instrumento al servicio de la unidad de todas y cada una de las hermandades".
Destacó, como en anteriores intervenciones públicas, la necesidad de que las cofradías vayan más allá del día de salida en Semana Santa: "Por supuesto que no podemos prescindir de lo que para todos nosotros significa una imagen en la calle, pero no debemos quedarnos en ello, siendo como es el santo y seña de nuestras Hermandades, y que tanto las identifican, pero hoy día no debe ser la única justificación de un año de esfuerzo y vida de hermandad"
El presidente insistió en que en las labores de coordinación de obras de caridad es donde el Consejo puede dar más de sí en el futuro inmediato: "Se equivoca quien pretende construir desde postulados ya superados una arcaica e inexistente dicotomía entre un Consejo inspirado por un afán de control y fiscalización de las hermandades, y unas hermandades ajenas a la vida del Consejo. El ejercicio de la libertad, la independencia y la autonomía individual de cada Hermandad ha de estar supeditado siempre, siempre, al bien común, a la búsqueda de espacios comunes, al servicio de Dios y de los hombres".