El legado de Rodríguez Ojeda para la Amargura en la jerezana Virgen del Desconsuelo
Eduardo Fdez. López. Jerez de la Frontera, ciudad gaditana que hasta hace poco perteneció a la Archidiócesis de Sevilla, el origen de su magnífica Semana Santa lo encontramos en el siglo XVI, cuando las asociaciones hacían Estación de Penitencia con los cofrades divididos en hermanos de luz y sangre.
Cuenta con un rico patrimonio artístico, imágenes y enseres que en su día fueron saliendo de los talleres de los más afamados escultores, tallistas, orfebres, bordadores, etc y una ciudad a la que llegaron numerosos enseres provenientes de la capital hispalense.
Muchas veces las procesiones extraordinarias nos permiten poder contemplar de nuevo muchos de estos enseres, más difíciles de ver durante la Semana Santa.
La semana pasada le mostrábamos el antiguo manto de la Virgen de la Amargura que está en Bollullos par del Condado y hoy le mostramos otro manto que perteneció a la dolorosa sevillana de San Juan de la Palma que junto al palio cobija cada Martes Santo a la Virgen del Desconsuelo, titular de la popular Hermandad de los Judíos de San Mateo.
Este conjunto de bordados sobre terciopelo azul fue adquirido por la cofradía jerezana en 1926 y salieron del taller de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, realizados entre 1902 y 1905 y en los que se aprecian las nuevas aportaciones del artista como son los caracolillos, rosas de pasión, zarcillos entre una gran lista de elementos enriquecedores.
El manto había perdido su concepción original tras distintas intervenciones realizadas a mediados del siglo pasado que alteraron su diseño por lo que recientemente ha sido restaurado en los talleres sevillanos de José Ramón Paleteiro.
La Virgen del Desconsuelo es una imagen de candelero, fue bendecida en 1713 por lo que su Hermandad celebró su tercer centenario con una procesión extraordinaria que se inició a las ocho de la mañana y que llevó a la dolorosa hasta la Basílica de la Merced y la parroquia de Santo Domingo, donde recibió la Medalla de Oro de la ciudad de Jerez de la Frontera.
La Sociedad Filarmónica de Ntra. Sra. de la Oliva de Salteras acompañó musicalmente en una procesión de regreso con un recorrido bellísimo por las calles estrechas del casco histórico jerezano y digno de ser recordado, un broche de oro a un año bastante extraordinario en esta ciudad gaditana.
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Fotos: Eduardo Fdez. López.