Velada romántica en el Cristóbal de Morales

Alberto de Faria Serrano. Todo el universo melódico de los veintiún nocturnos de Frédéric Chopin bien podrían valer una vida de dedicación y entrega para quien profundamente admire el movimiento Romántico; tanto por su enigmática grandeza compositiva o por su bella y simple atracción intimista que entusiasma a propios y extraños. Pero más allá de su magnificencia y tal vez porque prefería dotar a su acendrado “pianissimo”, de un sentimiento marcadamente lírico, se decantó por la indudable docilidad y los múltiples matices sonoros que siempre entrega apasionadamente las cuerdas de un violoncello; no se podría entender la evolución del Romanticismo decimonónico sin la Sonata en sol menor op. 65 para violoncello y piano. Mas que un lugar de honor, ocupa un lugar preeminente. También en la literatura para violonchelo. En efecto, el piano era para Chopin, su alter ego, su alma gemela; hasta ahí lo sabemos todos. Pero sí, hubo excepción, hubo sólo nueve, una de ellas la tuvo con el Cello.
Como si se tratara de su obra póstuma, que sí lo fue en cuanto a publicación y ejecución, en la Sonata se concitan los estados anímicos más dispares; Desde el Allegro, Moderato, Scherzo, Largo y Finale, anunciándonos el complejo y agonístico estado de salud en la fase final de su vida y que se remarca en el exhaustivo y denso primer movimiento donde Cello y Piano se funden en una maravillosa catarsis, de sonidos, melodías y emocionales derivaciones que van fluyendo de un instrumento a otro de forma magistral, tal como Sabrina y Ana nos deleitarán en el Auditorio del Cristóbal de Morales.
En la 2ª parte, el dúo Rui Silva, como suelen disponer, harán su habitual y particular guiño femenino al Universo modernista y costumbrista español. Con un majestuoso paseo y repaso por la flor y nata de sus valedores; Desde la inigualable e intimista belleza del Intermedio de Goyescas de Enrique Granados arreglada para Cello y Piano por Gaspar Cassadó, pasando por la graciosa acuarela nacionalista de sonidos alegres y puntillistas de la Malagueña de Isaac Albéniz que posibilitan visualizar en el espectador el repiqueteo de las castañuelas, el taconeo de los “bailaores”, o el espíritu rítmico y la cadencia melodiosa de las 6 canciones populares que componen el compendio de la Suite Española del genial gaditano Manuel de Falla. (Paño Moruno, Nana, Canción, Polo, Asturiana y Jota), para terminar con su Danza nº 1 de la Vida Breve, excepcional pieza arreglada con una elegante puesta en escena musical.
Una noche para vibrar, sin duda. Una velada diseñada para evocación de los sentidos sin más premisas. Un distinguido y selecto elenco de referencias vocacionales que tanto para Sabrina como para Ana, suponen un efervescente y convergente viaje a dúo por el cosmos romántico de su inspiración; un esplendido y exquisito modo de aproximarse a la forma de ser de ambas, y una delicada y excitante muestra de su cuidadísima expresividad musical. Como cada vez que tocan, nos tocarán la fibra sensible. Vayan preparados.
Recuerden, el viernes 24 a las 20 horas, en el conservatorio Cristóbal de Morales (Jesús del Gran Poder, 49), entrada libre.