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A través del antifaz. Los Nicodemos de la Caridad. Alberto De Faria Serrano


 El sudario inmaculado es el espejo donde se refleja y se deposita la inercia de la verdad. Nicodemo sustenta los pilares del Orbe conocido. Le ofrece su ternura compasiva y su lealtad inquebrantable. Su túnica con capucha inconfundible, sus manos poderosas y robustas que ayudaron a bajar de la cruz su cuerpo. Su rostro venerable de infinita piedad y nobleza inenarrable, no lleva a pensar que fue tan tormentósamente fuerte la impresión que dejó en él el rostro muerto del Señor para que jamás se le borrara de su mente hasta el fin de sus días. Ni por su condición de fariseo, ni por su misteriosa procedencia anterior a esa presencia en el Gólgota y posteriormente, discípulo de Jesús, de cuya única relevancia es la visita en plena noche al Nazareno para interrogarle sobre sus grandes dudas, nos lo imaginaríamos en su majestuosa lección de Caridad y de bondad en la recóndita Capilla-Sepulcro de San Andrés.. En su regazo, confían por entero y todo el año los fieles devotos de Santa Marta.

Tal vez no sea figura relevante de las escrituras, ni posea un papel preeminente en la vida de Jesús. Pero si la tuvo en su óbito y en su Resurrección. Su imagen subida a la escalera en el Descendimiento o Trasladarlo al Sepulcro de Arimatea, lo hacen converger en una figura esencial para entender la Caridad Cristiana.

Esta noche por las naves de San Andrés, un puñado de Nicodemos y Arimateas, honrarán su memoria al mismo tiempo que, al entonar el sochantre al coro y suene el Órgano de la Parroquia, elevarán el rito a la solemnidad precisa que los hermanos de Santa Marta han aprehendido de la misma Caridad de Dios, e inundará las limpias bóvedas celestiales de su sencillo y amoroso legado. ¿Cuántas capuchas y túnicas marrones no vestirán por debajo de sus trajes, sean de ejecutivo de firma, de jardinero de camposanto, o de barrendero de la periferia? ¿ Cuántos brazos resistentes no portarán encomiáblemente el Sudario de la Caridad? Cuantos nobles espíritus no siguen hoy día dando cristiana sepultura al que no la tiene?

A treinta y cuatro crepúsculos para que el goteo de su amor impregne la suave brisa en la Puerta de Miguel.

Foto: Francisco Santiago.