Provincia. Frescos de la Ermita de Escardiel presentados el pasado jueves en Castilblanco
Arte Sacro. La Ermita, enclavada en las estribaciones de la morena, a los pies del antiguo camino de la plata, celebrara una de las fiestas principales de esta adoración fernandina, venerada desde la reconquista en esta localidad castilblanqueña y protectora también de la orden Franciscana, cuyos hermanos se encargaron durante tres siglos del cuidado de la Ermita.
Es un año muy especial, pues tras la profunda restauración a la que fue sometida en su estructura en el año 2000, hoy se bendicen las pinturas del presbiterio, obra del pintor Miguel Ángel González Romero. Este presbiterio fue remodelado en 1755 tras el derrumbe de la cúpula tras el terremoto de Lisboa.
Es destacable el trabajo de rehabilitación de cúpula, pechinas y paredes laterales del altar, ya que antes de comenzar con las pinturas se emplearon meses para descubrir dichas partes a su yeso original eliminando las capas recientes de reparaciones, y dejando al descubierto posibles grietas y fisuras. Todo fue firmemente reparado, para más tarde aplicar un puente unión en varias capas que permitiese un perfecto guarnecido-enlucido de la superficie.
Una vez terminada esa fase se imprimó y procedí a la realización de las pinturas.


Las pinturas están basadas en un contexto mariano, y el dialogo presente en ellas lleva al espectador a vivir los momentos importantes de la hermandad, todos ellos intercalados en fases con estadios bíblicos. Es por lo tanto una estructura que se mueve de lo terrenal a lo divino, dejando latente la importancia de unas para con otras.
Empieza la pared lateral de abajo con una escena donde se representa la aparición de la virgen, como cuentan sus archivos, en una encina.
Seguimos hacia las pechinas donde se representan los momentos de la romería en el campo, en su templo, en su sierra, mostrando dos momentos de la misma que son la salida del Simpecado y la salida procesional. A estos les siguen, avanzando hacia arriba, las 8 bienaventuranzas del señor, con una simbología cada una de ellas alegórica a su mensaje, los pobres…la parra, los mansos…el yugo, los que lloran…el puñal de la dolorosa, los que buscan justicia…la balanza, los misericordiosos…la cruz de madera, los limpios de corazón…la concha bautismal, los que buscan la paz…la rama de olivo, los perseguidos…los grilletes.



A continuación de las pechinas volvemos a otro momento terrenal, muy importante para la hermandad, como es la venida de la virgen a su pueblo. Un hecho que se da en muy pocas ocasiones a lo largo de la vida de los devotos a ella.
Y remata la subida hasta la cúpula una corte de Ángeles que cobijan la simbología de la bellota con la aparición mariana de la Virgen de Escardiel.
Mención especial tiene la pared del Cristo de los vaqueros, ya que en un altar tan mariano quise dar la importancia que merece una talla de tan hermosa factura realizada por el genial imaginero Ruiz Gijón. Donde se representa la vuelta del calvario de las marías, consoladas ya por Juan evangelista.
Han sido meses como semanas, semanas como días y días como horas…envuelto en una única palabra en mi mente…responsabilidad, responsabilidad por la fe, por la devoción a las imagen, por la admiración a un templo…por saber que todo llega y todo pasa…ahora solo me queda el recuerdo de lo vivido, de los días junto a ella, de las conversaciones con él…un sueño hermoso que llego un día a mis pinceles.


Fotos: Miguel Ángel González