Investigación. 1929, el año que se cambió a la Purísima Concepción algabeña por la Virgen "Sevillana" de San Buenaventura, el año de la leyenda
Sebas Gallardo. ¿Historia o leyenda? La memoria de los algabeños aún alberga una narración a la que dedico este reportaje. Muchos ya la conocerán. Otros, quizá, nunca la hayan escuchado. Se trata, en todo caso, de un hecho histórico al que los habitantes de La Algaba le han ido añadiendo los ingredientes propios de una leyenda que, finalmente, ha suplantado a la realidad.
Todo empezó con una fotografía que llegó a mi archivo (foto I). Al publicarse en un foro de internet y mostrarla en una red social surgió el debate. Se trataba de una antigua imagen de la Purísima Concepción que se venera en la pedanía algabeña del Aral, de la que muchos dudaban que fuera la misma que ha llegado a nuestros días, sobre todo, al compararla con otra foto de la década de los 50 del pasado siglo (foto II), donde se observan los importantes cambios en su fisonomía. En ese momento, salió a la palestra la antigua leyenda que aún sigue vigente en el mencionado pueblo. Los más antiguos siempre sostuvieron que la imagen algabeña fue cambiada por la que se venera actualmente en el convento de San Buenaventura de la capital hispalense, conocida como La Sevillana, apelativo que le puso la ciudad a raíz de un robo, tras el cual los devotos divulgaron que fue consentido por la propia Virgen “pues al ser tan sevillana, no hacía aprecio de sus riquezas”.
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Sin embargo, la historia, con datos constatados, es bien diferente. La Sevillana (foto III), obra de Juan de Mesa, no documentada; también atribuida a Montañés (recogido por José María de Mena en el libro -Todas las Vírgenes de Sevilla-) mide 130 cm de altura, en 1700 sufrió una gran transformación, se desprendió la mascarilla del rostro y se colocaron ojos de cristal y pestañas. También en el siglo XIX fue retocada por Juan de Astorga al que se atribuyen las manos y sus característicos dedos de cuatro falanges. Rasgo iconográfico de la Virgen es el libro que se apoya sobre sus palmas con el texto de las profecías celestiales que en Ella se han cumplido. La Inmaculada fue donada por doña María de San Francisco al Convento Casa Grande de San Francisco (cuyo solar ocupa actualmente la Plaza Nueva), donde recibió culto por parte de la orden franciscana, acérrimos defensores en aquella época del dogma inmaculista. En 1843, cuando fue derribado el convento, trasladaron la talla a la parroquia de San Andrés. De allí pasó a la residencia de los marqueses de Ulloa y desde 1890 se encuentra entronizada en el altar mayor de San Buenaventura, convento en cuyo inventario no consta incorporación ni intercambio alguno con otra imagen concepcionista.

El motivo de la diferencia entre las dos fotos (foto I y II)
El motivo de que entre dichas fotos exista esa diferencia tiene una fecha concreta: el 29 de Agosto de 1929. Ese día la Purísima algabeña se encontraba en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves para celebrar las fiestas que entonces el pueblo dedicaba en su honor durante el mes de septiembre. Las telas que cubrían la imagen prendieron en llamas al torcerse con la calor unas velas que los devotos habían encendido muy cerca, según el informe que el párroco de entonces envió al Arzobispado de Sevilla sobre el suceso. La imagen podría haber quedado calcinada completamente si no llega a ser por la rápida actuación de un vecino que se percató del fuego por el fuerte olor a humo que salía del templo. Las llamas se sofocaron con cubos de agua.
El citado informe (documento I y II) del párroco Francisco Labrador indicaba que la cara y las manos de la imagen habían quedado “ahumadas”, por lo que resultó necesaria la intervención de Antonio Castillo Lastrucci, que policromó la zona dañada en menos de un mes, puesto que el 27 de septiembre de ese año la Virgen era bendecida en la parroquia. La intervención de Lastrucci le otorgaría a la talla el aspecto que presenta en la segunda foto, en la que se perciben claras diferencia con la anterior. Por tanto, el imaginero no se limitó a resanar la parte dañada, sino que imprimió al rostro rasgos propios de su estilo que se perciben en las numerosas tallas que salieron de su taller.
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Se desmonta, así, una leyenda que ha ido fraguándose con los años. La realidad es bien distinta. No hubo intercambio con San Buenaventura, sino la transformación de una imagen que acapara la mayor devoción mariana del pueblo de La Algaba.
Bibliografía consultada:
-Boletín de las Cofradías nº 545, “La Inmaculada de vestir” de José Gámez Martín y Soledad Jiménez Barreras.
-“Todas las Vírgenes de Sevilla” de José María de Mena.
Fotografía:
Francisco Santiago, Angel Alvarez Salido, archivo Sebas Gallardo.
Reportaje publicado en la Revista Purísima en Abril de 2014.