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Provincia. Doscientos años de rezos a la Santa Cruz en Morón de la Frontera


Manuel Pinto Montero. El pasado sábado la Hermandad de Santa Cruz de Morón de la Frontera vivió una histórica jornada con motivo de la Conmemoración de su Bicentenario Fundacional. Con este motivo las calles se vistieron de gala para contemplar al Santísimo Cristo de la Expiración en una gloriosa y extraordinaria procesión que llevaría al Santísimo Cristo a los distintos Conventos moronenses.

Cuando el sol aún bañada la torre de la Iglesia de San Ignacio de Loyola se inició la gloriosa procesión encabezada por la Banda de Cornetas y Tambores de Jesús Nazareno de Villamartín. Los primeros sones se escuchaban en la calle Ánimas mientras que el cortejo, con los distintos estandartes de las Hermandades de la localidad y grupo de hermanos portando cirio, abandonaba el Templo para que, pasadas las nueve y cuarto de la noche, atravesara el dintel de la Iglesia la talla que en 1940 realizara Antonio Illanes, la portentosa imagen del Santísimo Cristo de la Expiración.

El Santísimo Cristo procesionó sobre su paso de madera tallada y dorada alumbrado por seis candelabros de guardabrisas dorados y sobre un monte de claveles morados. De nuevo las calles Ánimas y San Miguel se reencontraban con su Cristo como cada tarde de Jueves Santo. En esta ocasión quedaba en el Templo la Santísima Virgen, bajo la bella advocación de la Esperanza, aguardando la llegada de su hijo que por unas horas ofreció su aliento al pueblo de Morón.

Tras dejar atrás la Plaza del Ayuntamiento y subir en larga chicotá la calle Corredera realizaba la primera de las visitas al Convento de las Madres Jerónimas. Las hermanas elevaron sus voces al Señor Crucificado mientras que los seises salesianos bailaban en el atrio del Convento. Con paso decidido llegaba hasta las puertas de la Iglesia de la Victoria donde las Hermandades del Santo Entierro y de la Virgen de Gracia lo esperaban. El monumento a Santa Ángela de la Cruz y la torre de la Victoria fueron testigos del Encuentro del Cristo Expirante con las Hermanas de la Cruz, de nuevo los seises bailaron ante el Señor mientras las Hermanas rezaban cantando. En la Plaza de Santa Ángela de la Cruz se levantó un altar con una cruz y un sudario junto a una pancarta donde se podía leer “En tu Expiración está nuestra Esperanza”.  

Con la noche ya sobre Morón y con la luna como testigo el incienso perfumaba las calles por las que discurría la procesión. En los Jardines de la Carrera las Hermanas Clarisas esperaban en su Convento al Señor Expirante. Sus rezos fueron más que nunca escuchados por Cristo para que los elevara al Padre.

Continuó la procesión por viejas calles de Morón. Gran expectación había en la Plaza Meneses donde se levantó una alfombra de sales con emblemas de la Hermandad para que los costaleros del Señor la pisaran a su paso por este emblemático lugar de Morón. Ya con las primeras horas de la  madrugada marcando el reloj, el Santísimo Cristo de la Expiración se postraba ante el monumento a la Inmaculada Concepción, Patrona de Morón de la Frontera. La Santísima Virgen de la Esperanza ya sentía que el Señor estaba cerca de su casa.

Morón de la Frontera no quiso dejar sólo a su Cristo y lo acompañó junto a numerosos cofrades venidos de pueblos y ciudades cercanas, en una noche donde la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas de Triana puso sus sones tras el Crucificado de la Compañía.

Dos siglos de devoción a la Santa Cruz de Cristo que el curso de la historia quiso que estuviese lleno de Esperanza ante la lenta agonía del Señor de la Expiración.

Fotos: Manuel Pinto Montero.