Arte Sacro
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”Siempre estaréis vivos en nuestros recuerdos”…… Mariano Lopez Montes


Si, porque llevo tiempo, rumiando qué sainete de los míos, os podía escribir, y nunca conseguía a ciencia cierta una pieza breve, con ciertas dosis de sátira social como siempre ha sido mi estilo y que si aún tuviéramos la suerte de teneros con nosotros, jamás os dejara indiferentes aunque fuerais tan distintos. Para ello he querido hacer un viaje al pasado y ofreceros a modo de entremés  una de aquellas obritas un tanto picantes y escritas sin muchas pretensiones que se representaban en aquellos “corrales de comedia” mediante el léxico culto y la mayoría de las veces popular de aquel antiguo Teatro.

En primer lugar he notado la falta desde hace ya cerca de un año de ambos amigos, pero en esta pieza primeros actores y a los que se la dedico; gran culpa de ello creo que la tiene la “Única Capataza” que existe en Sevilla residente en San Gregorio aunque poco visible durante el año, de enjuta figura , inexistente expresión. Señora  adornada de yedra y piedra y que jamás se le ha movido ni una flor. Este año habéis conseguido a nuestro pesar Hueco en su cuadrilla, a la que nadie quiere pertenecer y os ha señalado con la guadaña, siempre afilada de ese adiós que es para siempre, Luis debajo y el amigo Fabiani organizándole el cuadrante de la próxima remesa, porque la verdad es que ella nunca para, ni se cansa y al final siempre tiene sitio para todos. Y los demás, los que no hemos encontrado hueco para este año, dichosos y contentos, porque además ninguno tenemos prisa.

Atrás quedan esas noches de frio y de amistad, porque no decirlo, pues pienso y no sé si seré comprendido, que de este mundo de abajo además de algunos dolorcillos que todos los que fuimos los consideramos propios de la edad, solo te quedan los recuerdos, tus vivencias personales que siempre serán tuyas y sobre todo la amistad y el cariño de haber compartido  lo bueno y también lo malo, que todo hay que decirlo.

Luis Luque y Fabiani, siendo personalidades distintas siempre pertenecieron a este mundo sencillo pero a la vez grande, que algunos tuvimos la suerte de vivir y que ya es parte indisoluble en la historia de nuestras vidas.

Pero volviendo a esta Comedia que aunque por vuestra pérdida, se acercaría más a la pura tragedia, he querido impregnar la tristeza amarga de cualquier muerte con la dulzura de los recuerdos y la evocación que os devuelven en estos instantes a la propia vida.

Para mí, Luis “Hiniesto” y “Montesionero” de devoción y origen, siempre me recordó a ese Capitán Alatriste recreado en La Novela de Pérez Reverte, de apariencia a  priori serio y reflexivo, que casi siempre  te recibía con cara de asombro, observación y duda, pero que en pocos segundo se transformaba y te regalaba la mejor de sus sonrisas, contador apasionado de una y mil anécdotas como aquellas antiguas soldadescas de Los Tercios de Flandes.

El Señor Fabiani, con su tradicional rictus serio e inexpresivo, sus ojos grandes desde los que te observaba y controlaba desde aquellas gafas que nunca seguían las últimas tendencias de la óptica, poco hablador en un principio y poco practicante de la cháchara que tanto nos gustaba a los costaleros, desde hace ya muchos años era un recio y eficiente gestor de este mundillo conocido por algunos como “Deporte Sacro”, toda su oficina y estructura empresarial consistía en una carpeta de esas de cartón cogida con “gomillas” y a veces una libretilla donde apuntaba con su caligrafía de antiguo Bachiller el nombre y el puesto de cada uno debajo del paso, como si nada hubiera cambiado desde aquellas cuadrillas asalariadas que vivió siendo muy joven. A eso, si además de la gestión del elemento humano de pertenencia y alineación “costaleril”, administraba desde hace años las cuentas de su Virgen del Rosario que con orgullo gremial siempre llamó “La Patrona”.

Su seriedad y concepto del orden y el cumplir, que siempre llevo a gala y siguiendo esta recreación de Alatriste y el siglo XVII en esa España de grandezas y tremendas miserias, le hubieran hecho representar a la perfección ese papel de Alguacil Mayor con su escuadra de “corchetes” o guardias que lo acompañaban para asegurar el orden, la ley en aquella sociedad de picaros y maleantes o alborotadores.

Lo que nunca le hubiera tocado representar al buen hombre, porque os aseguro que la bondad estaba oculta debajo de toda aquella parafernalia y a veces y sobre todo en la confianza de sus amigos, afloraba en forma de una sonrisa nunca estridente ni tampoco prolongada ni mucho menos exagerada, sería el papel de “panadero”, porque la verdad antes de cada ensayo o el día de la salida y ante la alegría y la guasa, por qué no decirla del personal, siempre se acercaba silente y con pocas palabras enfatizando, aquella frase ya tradicional que le escuchábamos año tras año de “cuidadito que hoy no está el horno para bollos”. La verdad es que casi ninguna vez estaba el horno dispuesto y aunque la soldadesca en este caso “costaleril” de aquella Santa Galera que describiera Antonio Núñez de Herrera en su libro “Teoría y Realidad de La Semana Santa  por el año 1934, jamás lucho y menos murió en Flandes y menos por su Rey Carlos IV y el Imperio Español del XVII. Este improvisado panadero no hubiera vendido ni una Viena, aunque la acción jamás tuviera por escenario Austria.

En esta pequeña interpretación también hay papeles asignados que todos y cada uno conocemos y nos reservamos para nuestros adentros desde aquel malvado espadachín “Malatesta”, hasta aquellos falsos y altivos Conde Duque de Olivares y cortesanos de todos los pelajes, de viejo o nuevo cuño, que quieren obtener el protagonismo social que en la actualidad tienen algo tan sagrado y autentico como son nuestras Cofradías. También tiene que existir aquel amigo secundario que es Quevedo, que le ha tocado relatar estas vuestras historias. También existen en la actualidad los nuevos Inquisidores como aquel Fray Emilio Bocanegra que con su visión intransigente y un tanto miope pretenden conducir a la hoguera del desprecio actual a todo aquel que no es de su cuerda o ideología de valores.

Y quedan aquellas personas buenas, de a pie esas que no pretendieron cargos, ni adulaciones y que anduvieron por este mundo dando a Sevilla y sus cofradías su saber estar y lo mejor que sabían hacer, y que no era otra cosa que ofrecernos la mejor y mas sincera de sus sonrisas en el caso de Luis Luque, y caminar detrás de una parihuela  aunque fuera con una vieja carpeta de cartón un tanto deslustrada que se cerraba con dos gomillas en el caso de Fabiani.

De momento esperarnos en ese Cielo en el que seguro estáis, pero por el momento y a pesar de ese maldito Coronavirus, sin meternos ninguna prisa, porque si hay que ir no va a haber mas remedio, pero las prisas como dice el refrán, nunca fueron buenas consejeras.

En este Viernes de Dolores donde el silencio, la soledad, la enfermedad y porque no una frustración mezclada con ciertas dosis de tristeza y desanimo nos invade, supongo como ocurriría hace siglos con las epidemias de enfermedad y La Peste que asolaban esta ciudad sembrando la muerte y la destrucción de todo lo que aprendimos a amar por tradición desde niños, solo nos queda espacio para la evocación y los recuerdos y ustedes viejos amigos y camaradas formáis parte de ellos, este 2020 no habrá cofradías en la calle y todo lo que ello representa, pero tampoco estaréis ustedes, quizás porque hace menos de un año os convocó a su lado ese Capataz Eterno, al que siempre estuvisteis orgullosos ambos de ser su pisada en esta su Sevilla que otro año volverá a renacer por Primavera.

Fotos: Mariano Lopez Montes.










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