Arte Sacro
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  • sábado, 04 de diciembre de 2021
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Epílogo de colores. Antonio Sánchez Carrasco


Terminaba un septiembre incierto en lo laboral y en todo, porque desde que llegó el Covid la pandemia más extensa después de la enfermedad y la muerte es la incertidumbre.  Y llegamos al viernes de Mercedes donde la Madre de los que somos Genovevos se acercó a conversar con la gente del barrio. Bajó a verse con las vecinas, la Madre de las Madres y todos acudimos a su llamada. Verla abajo es uno de esos instantes en los que la vida se renueva. Con almuerzo entre amigos para celebrar su onomástica.  Que suerte tuve al sentirme tu pregonero aunque fuera el año del dolor y la muerte.

El sábado nos fuimos hasta Valvanera.... ¡ay Dori que te digo que no te hayan dicho ya, si no puedo ni nombrarlo sin que se me salten las lágrimas!. Allí estuvimos un ratillo con la que es alma de la Calzada y nuestro cariño puesto en la familia Morán Montes en la que tantos recuerdos buenos y tantos cariños tenemos depositados.

Y llegó el domingo. El Rosario de la Virgen que me permitió contarle mis cosas en voz alta el año pasado siendo su pregonero. Saludos y sonrisas escondidas de buena mañana. Mis hermanos vienen a sacarte a la calle. Hoy el día parece más bonito. La policía prepara el dispositivo con el infiltrado del Cecop y todo. Va llegando la hora. Tengo un run run en el estómago y nada tiene que ver la ausencia del desayuno. Es más que en el estómago en ese rincón del alma donde se guardan las cosas que importan. Ya habrán quitado el confesionario que se sitúa tras la puerta y que tiene pinta de pesar más que la factura de la luz de un tío vivo. Suena el cerrojo en los oídos y en el alma. Se aceleran los pulsos. Por fin la Madre pisa la calle, trago saliva, en un tío tan grandote no queda estético llorar.

Sale a la luz del día, trago saliva otra vez, suena el coro como los ángeles, lloran Ángela y María, la situación en mi alma y mis ojos se hace insostenible,  se viene a mi memoria el pregón, la iglesia a la mitad y todos con esa cara de susto que dejaba aquella primavera y verano de muerte. Voy buscando un rincón y un pañuelo de papel. Que mal rato más bueno. Salgo de mudar la piel de serpiente y me la encuentro de frente le da el sol en la cara y nos mira, vuelvo a fotografiarla. Ya todo vuelve a tener sentido. La Madre de la sonrisa etérea y los  ojos profundos vuelve al aire del Tiro, la vida debe continuar en las calles de mi barrio en un naciente otoño que se vistió de primavera para ceñirse en tu corona y repartir tu rastro de Mercedes entre tus hijos que tantas veces te pedimos. Y llega el epílogo de colores de tus ojos y tu manto, el sol y la música de Salteras con la que se venían los sueños y los recuerdos a partes iguales. Gracias Madre, por traernos las sonrisas y el futuro. Te quiere quien fue tu pregonero.

#LosLunesalSol

Fotos: Antonio Sánchez Carrasco.










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