Y le llamarón Cedrón. Francisco Santiago

El aroma era intenso, como ese sabor agridulce que se percibe en la boca cuando nuestro paladar se funde con el limón… Y esa dualidad de contrastes se hizo eterno en el Puente, donde el perfume y el dolor aunaron sentimientos, se hicieron pasión casi sin quererlo. Y Él parecía absorto a los acontecimientos, con la mirada perdida en recuerdos de un futuro cercano, mientras una furtiva lágrima escapaba recorriendo su mejilla.
¿Cómo sopesar el momento? Se cumplían los designios del Padre y nada hacía presagiar que aquello fuera sólo un sueño…. Para nada. El tiempo se detuvo por instantes, mientras que el cerebro rebobinaba cada momento, cada sentimiento, cada pellizco del alma que parecía no detenerse.
Comenzaba un año más ese camino tortuoso sólo roto por los sones de la Guardia Judia, un Puente a la Esperanza que en Ciudad Jardín, también lo llaman Cedrón…
Foto: Francisco Santiago
