Sueño de Amarguras. Maria del Amor Rasero Zárraga
“Existes…y no eres sueño…
Eres la perfección hecha milagro.”
No sé si lo es todo. O si es algo especial que hace parecer que ese todo se transforme en mil detalles que te hacen perfecta. No lo sé, Madre. La misma pregunta me hago cada mes de Noviembre, cuando bajas a la altura de todos.
¿Será tu pecho? Tan cálido, tan confortable, tan puro… ¡como el de una Madre! como el de la Madre de cada uno de nosotros. ¿Quién no ha visto alguna vez a su Madre en tus ojos? En tu rostro, en tus manos…no sé si será eso, lo que me hace pensar en ella cada vez que te miro.
No sé si es tu manto, que se funde con el suelo y se prolonga por San Juan de la Palma, para cobijarnos y hacernos enmudecer. Un silencio, blanco y amargo, que nada más cruzar la puerta te inunda y te rompe ¡y a la vez te recompone de nuevo!
¡Eres la perfección hecha milagro! - susurro al tenerte frente a mí -. Te miro, y veo en ti el espejo de la fe. Porque me pierdo en tus ojos y sueño. Sueño y veo en la profundidad de tu dolor, de tu pena, de tu Amargura…y siento que tocas mi alma, aproximándome tu mano para que la bese. Es ahí cuando me digo, ¿quién soy yo para besarte? ¿Qué te doy yo a ti a cambio para que, después de mirarte y quedarme boquiabierta con tu grandeza, te quedes con mi pena recluida entre tus lágrimas?
Te repito, ¿Quién soy yo? Porque no sé, no sé qué me haces cuando te miro, que el tiempo se para y lo vuelve todo del revés. Te quedas conmigo, con lo bueno y con lo malo, con mis penas y mis alegrías. Y ni un pero, ni una pega me pones. Como una Madre, que sufre y ríe por sus hijos, desde el primer hasta el último día.
Existes, ¡y no eres sueño! Y porque existes, Madre mía de amor, sé y doy fe, de que te quiero porque eres Madre ¡que de Amarguras cura siempre de alegría y pena mi corazón!
A María Santísima de la Amargura.
María del Amor Rasero Zárraga
Foto: Juan Alberto García Acevedo.
