Tres Órdenes desaparecidas con vigencia en Sevilla. Virginia López
Si quieren conocer los conventos desaparecidos en Sevilla, les recomiendo la obra de Matilde Fernández Rojas, así como la Tesis de Mª Luisa Fraga. Pero aún falta una obra que compile todas las órdenes religiosas, así como todos los conventos habidos en Sevilla.
De las órdenes desaparecidas, algunas mantienen su viva presencia, en forma de nomenclátor o perviviendo en el imaginario colectivo, como las tres de las que hablaré aquí, pues especialmente una de ellas, se nombra como si entre sus muros aún vivieran sus moradores.
Se trata de la Cartuja, el Buen Suceso y los Teatinos.
La orden de la Cartuja es ampliamente conocida, no así su fundador, San Bruno (1030–1101) que en el año 1084 se retira al macizo alpino francés Chartreuse, de donde deriva el nombre de la orden. Pero no estaba solo, hasta seis compañeros compartieron su vida de retiro y oración. Como vemos en el cuadro del Prado, obra de Carducho, el grupo estaba formado por Landuino, Esteban de Bourg, Esteban de Die, Hugo, Andrés y Guarino que acompañaron a Bruno de Colonia, recién convertido, tras presenciar la resurrección – manifestando que Dios le había juzgado y condenado – de su profesor Raimundo de Diocres. Precisamente el silencio será la característica más notoria de los cartujos.
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En España la primera Cartuja se funda en el año de 1194 y se trata de la Scala Dei, fundada por el Rey Alfonso II de Aragón. Le siguieron otras veintiuna fundaciones, de las que quedan 3 en la actualidad – Porta Coeli en Valencia, Montalegre en Barcelona y la famosa Cartuja de Miraflores, en Burgos, la única con presencia ininterrumpida, pues se salvó de la Desamortización porque el prior era familia de Espartero – a las que se suma Santa María de Benifasar en Castellón, de monjas cartujas, pues la orden también tiene rama femenina, desde el año 1145, algo muy desconocido.
El Paular tiene una comunidad benedictina y la también famosa Cartuja jerezana de Nuestra Señora de la Defensión, de donde proceden los célebres caballos jerezanos cartujos, se suprimió en 2001 y hoy es sede de la Comunidad de las Hermanas de Belén.
La Cartuja de Sevilla fue fundada por el propio Arzobispo de Sevilla, Gonzalo de Mena, en el año 1400. Su denominación de Santa María de las Cuevas procede del pintoresquismo del lugar: sus buenos barros lo convirtieron en zona preferente de alfarería, sin apenas habitación humana salvo un pequeño resto de poblado calcolítico y una necrópolis romana. Los alfareros levantaban “cuevas” de barros para extraer la arcilla y en una de ellas apareció milagrosamente una imagen mariana que recibió tal denominación, que se traspasó a la Cartuja.
Para su Sacristía Zurbarán pintó el reconocido bodegón llamado San Hugo en el Refectorio.
En 1839 un inglés adquiere el monasterio fundando la ilustre Fábrica de Cerámica y Porcelana Pickman, con su vajilla cartujana tan reconocible.
La Expo del 92 devolvió a la memoria de los sevillanos este enclave, reconvertido en artificial Isla de la Cartuja al estar bordeada por el río y su dársena.
Cuando nombramos el Buen Suceso, localizamos, sin duda, el Convento de Frailes Carmelitas en la plaza del mismo nombre situado a espaldas de la Plaza de Cristo de Burgos y muy cerca, por tanto, de la Iglesia de San Pedro. Un consejo: tomen la calle Mercedes de Velilla desde el convento para visualizar su torre campanario, la segunda más alta, tras la Giralda. Y ya que están, descubran la calle Escarpines donde mataron al Barrabás sevillano. Que vivía en la misma calle donde ahora vive la Marquesa viuda de Pickman.
El Convento del Buen Suceso no fue fundado por los carmelitas sino que llegaron de prestado proviniendo de San Alberto, donde se instalaron los filipenses aunque me llegan tristes noticias de su marcha. De tal manera que Buen Suceso no es advocación carmelita pero sí lo es San Alberto, el que otorgó las reglas a la orden, que siguen fielmente pues estos frailes son de la Antigua Observancia.
Los primitivos residentes del Buen Suceso fueron los Obregones, cuya denominación es absolutamente ignota en Sevilla, así como la figura de su fundador Bernardino de Obregón (1540–1599), el cual no es ni Venerable.
Pertenecía a una familia de la baja nobleza burgalesa y, pese a criarse en un ambiente religioso, optó por enrolarse de joven en las galeras reales, participando muy activamente en la Batalla de San Quintín. De vuelta a España, estuvo en la corte y fue uno de los que asistió al Rey Felipe II en su lecho de muerte. Sus conocimientos en el campo de batalla y su piedad religiosa guiaron sus pasos al hospital de palacio.
Cuentan que un día en la calle de Postas de la Villa y Corte de Madrid, un barrendero le ensució el uniforme y Bernardino indignado, le abofeteó pero la humilde actitud del barrendero que llegó a pedirle perdón, le conmueve tanto que decide dejarlo todo, entrando en la Orden Tercera de los Mínimos. Se dedica a cuidar los enfermos y poco a poco se forma un grupo de seguidores en torno suyo por lo que en 1568 funda la Mínima Congregación de los Siervos de los Pobres, también conocida como Mínima Congregación de los Hermanos Enfermeros Pobres, llamados los hermanos Obregones.
Pese a extenderse por la península, incluyendo Portugal, la Desamortización conllevó su absoluta extinción.
La actual parroquia matritense del Buen Suceso es un moderno templo de los 70 que custodia la auténtica imagen mariana que encontraron dos hermanos Obregones en 1606. Camino de Roma para que el Papa autorizara el hábito de la orden, en la sierra castellonense de Traiguera les pilló una tormenta y al refugiarse entre unas peñas, se encontraron la talla. Al mostrársela a Paulo V éste les dijo:
“Hermanos, buen suceso habéis tenido en vuestro viaje. Téngalo también vuestra pretensión".
San Cayetano (1480–1547), el Santo de la Providencia pero también del pan y del trabajo, congrega mucho devoción. Quizá en la religiosidad sevillana actual, los rezos se dirijan más a San Pancracio y san Expedito pero antaño las colas ante su imagen en Santa Catalina eran señaladas. De hecho comparte atrio con San Judas Tadeo en El Silencio, y como está cerquita de la puerta, se acuerdan también de él.
Este santo italiano, hijo de los Condes de Thiene, estaba convencido de que la Iglesia necesitaba luchar contra la Reforma protestante y servir a los más pobres. Lo que le lleva en el año 1524 a fundar la Orden de los Clérigos Regulares, junto al Obispo Caraffa, futuro Papa Pablo IV, en su sede de Chieti. De su nombre en latín viene la denominación de Teatinos. No la confundan con la Orden de Regular de Clérigos Menores, cuyo Convento del Espíritu Santo es hoy la Parroquia de Santa Cruz.
Vivían únicamente de limosnas con el ideal de imitar a los Apóstoles en austeridad, desprendimiento y evangelización, y fundaron el Monte di Pietá para evitar a los usureros.
En pleno Barrio del Tiro de Línea se encuentra la Avenida de los Teatinos, rotulada así desde 1936 pero, pese a que parece ser, que el convento ocupaba lo que hoy es el barrio, no hay mucha información al respecto, salvo que pasó a los jesuitas y del que solo queda el Molino de San Juan de los Teatinos, que se cae irremisiblemente, de abandonado que está.
También encontramos un San Cayetano en la Plaza de la Escuela de Cristo, un pequeñísimo azulejo en el Beaterio de la Trinidad y en 1858 se fundó la Asociación benéfica San Cayetano que pasó en 1926 a ser gestionada por las Hijas de la Caridad, de ahí que la actual Escuela Infantil que regentan, mantenga la advocación.
Fotos: Sevillapedia, Maldonati y Retablo Cerámico.
