Un mar de cera encendida para la novena al Señor de Pasión
Fco Javier Montiel. La Archicofradía Sacramental de Pasión ha dispuesto en la Iglesia Colegial del Divino Salvador un altar de cultos de marcada solemnidad para la celebración de la Novena en honor de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, presentando un conjunto de gran impacto visual y profundo contenido simbólico.
El eje central del altar lo ocupa la venerada imagen del Señor de la Pasión, entronizada sobre una elevada peana dorada que realza su presencia y favorece la contemplación frontal de la talla. El Señor aparece revestido con túnica morada ricamente bordada en oro, portando la cruz al hombro y tocado con las potencias, configurando una iconografía plenamente reconocible y acorde con la espiritualidad penitencial propia de la corporación.

A ambos lados del presbiterio se disponen las imágenes de la Virgen y de San Juan Evangelista, conformando un discurso iconográfico que remite directamente al misterio de la Pasión y a la escena del Calvario, adaptada al ámbito cultual interior. Las imágenes se presentan sobre peanas doradas, en armonía con el conjunto, y flanquean al titular aportando equilibrio visual y teológico al altar.


Uno de los elementos más destacados del montaje es el potente aparato de cirios de cera roja, dispuestos en alturas decrecientes y configurando un bosque de luz que enmarca la escena central. El uso exclusivo de la cera roja refuerza el simbolismo sacrificial, subrayando la sangre derramada por Cristo y dotando al altar de una intensidad cromática muy poco habitual en cultos internos, pero plenamente justificada por la advocación del Señor.

En el centro del altar, ante la imagen del Señor, se sitúa el sagrario de plata, pieza de gran riqueza artística, que recuerda el carácter sacramental de la hermandad y sitúa la Eucaristía como verdadero corazón del culto. Su colocación jerarquiza el espacio y articula el discurso litúrgico del conjunto.


El exorno floral se resuelve igualmente en clave monocromática, con flores rojas dispuestas tanto en la base del altar como en pequeños conjuntos integrados entre la candelería. Las flores, de tamaño contenido y presentación ordenada, refuerzan la verticalidad del montaje y dialogan cromáticamente con la cera, sin romper la sobriedad general del conjunto.
El fondo del altar se reviste con un gran paño de color burdeos oscuro, que actúa como telón escénico y permite destacar las imágenes y la luz de los cirios, aislando visualmente el conjunto del retablo y creando un espacio propio para el culto extraordinario.





















El resultado final es un altar de fuerte personalidad, solemne y contenido, que combina tradición, simbolismo y sentido litúrgico. Un montaje que, sin recurrir a artificios superfluos, logra transmitir con claridad el mensaje central de estos cultos: la contemplación del Señor de la Pasión desde el silencio, la penitencia y la centralidad eucarística que define a la Archicofradía.

Fotos: Fco Javier Montiel
