El Cristo de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Cena, centro de un altar que invita al recogimiento
Fco Javier Montiel. En el recogimiento de los días de triduo, cuando la liturgia invita a mirar hacia dentro y a comprender el misterio del sufrimiento aceptado, el Cristo de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Cena vuelve a erigirse como una de las imágenes más hondas y sobrecogedoras del patrimonio devocional sevillano. No hay gesto grandilocuente ni alarde expresivo. Todo es contención, pausa y verdad.
La imagen, datada en el siglo XVII y de autor anónimo, representa a Cristo sentado, coronado de espinas, con el rostro vencido por el dolor y la mano apoyada en la mejilla en un gesto que sintetiza, como pocos, la aceptación serena del sacrificio. Es un Cristo que no interpela desde el dramatismo extremo, sino desde la humanidad más pura. La anatomía sobria, la cabeza ligeramente inclinada y la mirada perdida construyen un discurso teológico silencioso que conecta de manera directa con el fiel.



Para este triduo, la corporación del Domingo de Ramos ha dispuesto un altar que dialoga con la imagen sin restarle protagonismo. El montaje se articula como un gran dosel de inspiración barroca, ricamente dorado, que enmarca la escena y eleva visualmente al Señor. En la parte superior, presidiendo el conjunto, aparece el emblema cristológico del JHS, flanqueado por una profusa decoración de roleos y hojarasca, rematada por una corona que subraya la realeza espiritual de Cristo incluso en el momento de la humillación.






El fondo de damasco en tonalidad morada refuerza el carácter penitencial del triduo y aporta profundidad al conjunto, creando un contraste elegante con el dorado de la estructura. A los pies del Señor, la peana de plata labrada, de cuidada orfebrería, actúa como nexo entre la imagen y el altar, reflejando la luz de la candelería que se dispone de manera simétrica. Las velas, altas y esbeltas de color tiniebla, generan un bosque de llamas que envuelve la escena en una atmósfera de oración y recogimiento.


El exorno floral, resuelto con centros de claveles rojos, introduce la nota simbólica de la sangre y la pasión, sin romper la sobriedad general del altar. Todo está medido, pensado para acompañar y no distraer, para conducir la mirada inevitablemente hacia el Cristo, auténtico centro y razón de ser del aparato de cultos.


Así, la Hermandad de la Cena vuelve a ofrecer una catequesis visual de primer orden, donde arte, liturgia y devoción se funden en un mismo mensaje. El Cristo de la Humildad y Paciencia, desde su silencio eterno, sigue enseñando que la verdadera grandeza se manifiesta en la aceptación humilde del dolor y en la confianza plena en la voluntad del Padre. Un Señor que no necesita palabras para conmover, porque su sola presencia basta para elevar el alma.

Fotos: Fco Javier Montiel
