Cercanía y realeza en el besamanos al Milagroso Niño Jesús de Praga del Carmen del Santo Ángel
Fco Javier Montiel. La iglesia conventual del Santo Ángel volvió a convertirse en epicentro de la devoción carmelita con motivo del solemne besamanos al Milagroso Niño Jesús de Praga, una de las imágenes más queridas y singulares del patrimonio devocional de la Hermandad del Carmen. Un culto íntimo y a la vez profundamente elocuente, en el que la cercanía del Dios hecho Niño se ofreció al fiel desde la riqueza simbólica del ceremonial barroco.
La capillita se presenta dispuesta como un auténtico aparato de cultos de carácter regio y eucarístico. Dominando el conjunto, la imagen de Nuestra Señora del Carmen, entronizada y revestida con ricos textiles, sirve de marco teológico y visual a la presencia del Niño Jesús, situado en primer plano para facilitar el encuentro directo con los devotos. La composición, equilibrada y simétrica, se ve reforzada por la presencia de candelería dorada, exornos florales de tonalidades rojas y blancas, y los estandartes corporativos, que subrayaban el carácter institucional y solemne del acto.



El Niño Jesús de Praga, protagonista absoluto del besamanos, aparece presentado sobre una peana dorada, elevada pero cercana, favoreciendo la contemplación pausada. Viste el tradicional traje de corte regio, confeccionado en tisú bordado en oro, con delicados motivos vegetales y aplicaciones que realzan la iconografía del Emmanuel como Rey y Señor del mundo. La riqueza del ajuar no oculta, sino que potencia, la ternura de la imagen, cuyo modelado sereno y expresión dulce invitan a la oración confiada.


Porta en su mano izquierda el orbe rematado por la cruz, símbolo de su soberanía universal, mientras que la derecha se extiende en gesto de bendición. El conjunto se completa con la corona imperial, finamente trabajada y enriquecida con pedrería, que reafirma la tradición iconográfica centroeuropea del Niño de Praga, plenamente asumida por la espiritualidad carmelita.


Especial protagonismo adquiren los detalles del encaje antiguo que remata las mangas y el cuello del traje, así como los rosarios y joyas devocionales, ofrendas de fieles que a lo largo del tiempo han querido materializar su gratitud por los favores recibidos. Descalzo, como dicta la tradición, el Niño se muestra cercano y humano, recordando que la realeza de Cristo nace de la humildad de la Encarnación.

El besamanos se desarrolla en un clima de recogimiento y silencio orante, roto únicamente por el leve murmullo de las plegarias. Numerosos devotos se acercan a besar la mano del Niño Jesús, renovando una devoción profundamente arraigada en la ciudad y vinculada a la espiritualidad del Carmelo, donde la infancia espiritual ocupa un lugar central.







Con este culto, la Hermandad del Carmen del Santo Ángel no solo mantiene viva una tradición histórica, sino que ofrece un testimonio elocuente de cómo el patrimonio artístico, cuando se pone al servicio de la fe, se convierte en auténtico lenguaje catequético. El Milagroso Niño Jesús de Praga volvió así a mostrarse como lo que es para sus devotos: Rey poderoso y Niño cercano, misterio de Dios que se deja besar.
Fotos: Fco Javier Montiel
