La Pía Unión celebró ayer primer viernes de marzo, el Vía Crucis en la Casa de Pilatos
Arte Sacro. Como cada primer viernes de marzo, la Casa de Pilatos acogió el tradicional e histórico Vía Crucis de la Pía Unión. Un piadoso acto que nos lleva al lejano recuerdo de aquellas primeras cofradías de penitencia en la ciudad de Sevilla.
Más de medio milenio después de que el marqués de Tarifa, Fadrique Enríquez de Ribera, instituyese en la ciudad el rezo de las catorce estaciones tras regresar de un viaje a Tierra Santa, anoche la Pía Unión del Vía Crucis a la Cruz del Campo celebró este acto cuaresmal que estuvo presidido por el arzobispo de Sevilla, monseñor Sániz Meneses.
El rezo se desarrolló, como en años anteriores, por las galerías bajas del patio central y contó con la intervención musical de la Coral de San Felipe Neri. Además, los nuevos hermanos mayores juraron como miembros de la Pía Unión.
Tras la santa misa celebrada en las Caballerizas ante la reliquia del Santo Lignum Crucis comenzó el Santo Ejercicio del Vía Crucis, discurriendo por las galerías bajas del patio central de la Casa de Pilatos, con el siguiente orden procesional:
– Cruz de las Toallas, de la Hermandad de los Negritos.
– Estandarte del Santo Cristo de San Agustín, de la Hermandad de San Roque.
– Estandarte de San Juan de Ribera, de la Hermandad de San Esteban.
– Estandarte de la Pía Unión.
– Relicario con el Santo Lignum Crucis, acompañado de los Hermanos Mayores con faroles.
En el cortejo participó el presidente del Consejo de Cofradías, Francisco Vélez, acompañado de Rafael Medina Abascal, actual titular del Ducado de Medinaceli.
LA HISTORIA DEL VÍA CRUCIS DE LA PÍA UNIÓN
Este Vía Crucis está considerado el origen de las estaciones de penitencia y de la Semana Santa de Sevilla desde hace más de cinco siglos. Su origen se debe al marqués de Tarifa, que trajo a la capital hispalense catorce cruces similares a las que marcaban cada una de las estaciones del Vía Crucis de Jerusalén. De esta forma, preparó un recorrido a imagen del original, ubicó su punto de partida en su palacio -la Casa de Pilatos- y el destino final en el humilladero de la Huerta de los Ángeles, el actual templete de la Cruz del Campo. La distancia entre ambos puntos recuerda la que recorrió Jesucristo en su Pasión: 997 metros.
Fotos: Juan Alberto García Acevedo.
