Sombras en tu pecho. Antonio Sánchez Carrasco
Sólo cuando la madrugada del sábado de Cuaresma que sigue a tu besamanos está empezando, sólo entonces empiezo a escribir esto y a recordar lo vivido hoy viernes junto a ti Señor. Sólo cuando ya queda poco de nosotros en la iglesia y duermes en la oscuridad del templo en una noche que ya pertenece al sábado, recuerdo tú mirada observando a todo aquel que se te pone delante. Recuerdo tus ojos que imploran y la fuerza de tu gesto que pide una tregua y a la vez asume tan amargo final. Hoy ha sido día del Tiro, día del Dios de las Avenidas, del Cristo que suspira cuando te mira. Hoy ha sido viernes de marzo, el primero de ellos, en el que mi Cautivo pisa el suelo. Hoy mi Dios se ha posado entre nosotros y ya solo queda nuestra sombra en su túnica. Somos las sombras que quedaron impresas en el pecho de tela que te cubre. Pasamos un viernes entre la alegría y el consuelo de sentirnos cerca de Ti Señor. La alegría por la cercanía y el consuelo de ver cómo tus manos atadas, son camino para nuestras vidas. Esas manos que sirven de sostén para todo el que sufre, para todo el que siente que la vida pesa demasiado. Y al final nos quedamos eternamente siendo una sombra en el pecho del Dios del Tiro, sólo sombras y cenizas en un día eterno. La eternidad en los ojos de Jesús Cautivo. Gracias, gracias y gracias.
#LosLunesalSol
Foto: Antonio Sánchez Carrasco.
