Las agustinas de San Leandro evocan el Galeón de Manila y la primera globalización en su escaparate del Corpus Christi de Sevilla 2026
Arte Sacro. El Real Monasterio de San Leandro de Sevilla vuelve a sumarse este año al concurso de escaparates organizado con motivo de la festividad del Corpus Christi, participando por tercera vez consecutiva con una propuesta cultural e histórica de gran profundidad que une patrimonio, fe, historia y arte.

La edición de 2026 está dedicada a una de las páginas más trascendentales de la historia universal: el nacimiento de la primera globalización y la articulación de las rutas oceánicas que conectaron Europa, América y Asia bajo la Monarquía Hispánica, la evangelización agustiniana de Filipinas con los más de cuatro siglos y medio del descubrimiento del tornaviaje y el establecimiento de la ruta del Galeón de Manila.
Sevilla y el nacimiento del mundo moderno
Durante los siglos XVI y XVII, Sevilla constituyó el principal centro económico, comercial y espiritual de la Monarquía Hispánica. Desde la ciudad se organizaban las comunicaciones con América y se articulaba una compleja red de intercambios que acabaría enlazando tres continentes.
La fundación de Manila por Miguel López de Legazpi el 23 de junio de 1571 convirtió a la ciudad filipina en el gran enclave asiático del imperio español. Sin embargo, el verdadero hito que hizo posible aquella conexión global se había producido años antes, en 1565, cuando el agustino Andrés de Urdaneta descubrió la ruta de regreso desde Filipinas hasta Nueva España a través del Pacífico Norte.
Aquel hallazgo, conocido como el tornaviaje, permitió establecer una línea marítima estable y permanente entre Manila y Acapulco, dando origen al célebre Galeón de Manila. Durante más de dos siglos y medio, esta ruta hizo circular personas, mercancías, devociones, conocimientos, obras de arte y productos de lujo entre Asia, América y Europa, siendo Sevilla el gran centro receptor y redistribuidor de aquel inmenso flujo comercial y cultural.
La elección de esta temática posee además una especial vinculación con la comunidad agustiniana, pues fueron precisamente los religiosos agustinos quienes desempeñaron un papel fundamental en la evangelización y organización eclesiástica de Filipinas, acompañando desde sus inicios la expansión espiritual y cultural de aquellos territorios.
Un escaparate que une Sevilla, Manila y Acapulco
La composición artística del escaparate ha sido concebida como un recorrido simbólico por las rutas del Galeón de Manila, estableciendo un diálogo visual entre Asia, América y Sevilla.
Preside el conjunto la extraordinaria imagen de San Juan Evangelista atribuida por el historiador Salvador Guijo Pérez en 2021 a la escultora Luisa Roldán, "La Roldana", escultora de Cámara de Carlos II y una de las figuras más sobresalientes del barroco español. La obra aparece revestida con magníficos bordados sevillanos antiguos realizados sobre tafetán de seda en tonos rojo y verde, colores tradicionalmente asociados a la iconografía del evangelista. Los bordados, ejecutados con la refinada técnica de la hojilla metálica, constituyen un excepcional ejemplo de las artes textiles hispalenses.
Como telón de fondo se ha dispuesto una singular colcha japonesa del período Meiji, fechable en el siglo XIX, bordada con hilos metálicos y decorada con aves exóticas y paisajes orientales. La pieza evoca el extremo asiático de aquella gran ruta transpacífica y simboliza los intercambios artísticos que durante siglos llegaron a Europa desde Oriente.
Contrastando con ella, y manteniendo la armonía cromática propia de San Juan Evangelista, destaca un extraordinario tejido cortesano verde manzana de tradición castellana, enriquecido con encajes metálicos, hojillas y aplicaciones ornamentales que realzan la riqueza visual del conjunto.
La escala americana del Galeón de Manila queda representada mediante dos excepcionales pinturas novohispanas de finales del siglo XVII realizadas en la técnica del enconchado, una de las manifestaciones artísticas más singulares del Virreinato de Nueva España. Esta técnica, característica del barroco mexicano, incorpora láminas de nácar incrustadas sobre la superficie pictórica, produciendo efectos lumínicos de extraordinaria belleza y refinamiento.
Las obras representan a San José con el Niño Jesús y a la Santísima Virgen de Guadalupe, patrona de México y una de las grandes devociones nacidas en el Nuevo Mundo formando parte de la capilla del antecoro de Nuestra Señora de los Dolores. Estas obras se acaban de restaurar por la conservadora Adoración Velasco y serán presentadas en el escaparate para el disfrute de las mismas por los sevillanos. Su presencia establece un significativo vínculo entre la espiritualidad americana, la devoción mariana y la profunda dimensión eucarística de la fiesta del Corpus Christi.
La memoria del antiguo Corpus de San Leandro
La elección de San Juan Evangelista no responde únicamente a razones artísticas o históricas. La imagen se encuentra estrechamente vinculada a las antiguas celebraciones del Corpus Christi dentro del monasterio.
Durante siglos existió en San Leandro la denominada Cofradía de las Sanjuanistas, encargada de rendir culto al evangelista. La imagen procesionaba en su festividad y contaba con altar propio dentro del monasterio en el Corpus Christi, convirtiéndose en una de las devociones más destacadas de la comunidad.
Como recuerdo de aquellas celebraciones históricas se incorporan al montaje cuatro magníficas jarras de plata del siglo XVIII pertenecientes al antiguo altar y parihuela de San Juan. Estas piezas presentan una exquisita labor de orfebrería en la que aparecen representadas águilas sosteniendo tinteros en sus picos, clara referencia al atributo tradicional del evangelista y al simbolismo del Tetramorfos.
Asimismo, se exponen tres relicarios históricos que formaban parte tanto del altar como de las andas procesionales de la imagen. En sus bases aún puede leerse la inscripción que testimonia su uso original: “Soy de la parihuela del paso de San Juan Evangelista”, constituyendo un valioso testimonio material de la antigua religiosidad conventual.
El conjunto se completa con una peana procesional dieciochesca que aporta monumentalidad y eleva visualmente la figura del santo. La imagen porta además un cáliz de bronce del siglo XVIII, evocación directa de uno de los principales atributos iconográficos de San Juan Evangelista, haciendo alusión al vino envenado con el que se le intentó martirizar, así como una delicada diadema de filigrana de plata sobredorada que enriquece su presencia devocional.
La ornamentación floral se ha realizado mediante clavel blanco, símbolo de pureza y solemnidad eucarística, dispuesto tanto en las jarras de plata como en dos grandes jarrones de celadón oriental del siglo XIX que refuerzan la evocación de las relaciones artísticas entre Sevilla y Asia, así como la decoración con uvas de jade y piedras de ágata decimonónicas de origen chino.
Una apuesta por engrandecer la fiesta del Corpus
Con esta nueva participación, las monjas agustinas del Real Monasterio de San Leandro desean contribuir al engrandecimiento de la fiesta más antigua de la ciudad de Sevilla, uniendo historia, patrimonio y espiritualidad en una propuesta que recuerda el papel protagonista desempeñado por Sevilla en la configuración del mundo moderno.
El escaparate constituye así un homenaje al descubrimiento del tornaviaje por el agustino Andrés de Urdaneta y al legado evangelizador de la Orden de San Agustín, al tiempo que recupera la memoria histórica de las antiguas celebraciones del Corpus Christi dentro del propio monasterio.
Una propuesta que convierte el escaparate de San Leandro en una auténtica ventana abierta a la Sevilla universal, aquella ciudad que, hace más de cuatro siglos, se situó en el centro de la primera red global de intercambios de la historia.
