El productor de lo intangible: adiós a Juan Lebrón. Pablo Lastrucci
Sevilla tuvo la suerte de cruzarse en el camino de uno de los mejores productores del cine español del último siglo, y viceversa. Poco después de afincarse en la capital andaluza a finales de los años ochenta —mientras la ciudad se transformaba y preparaba para la Exposición Universal de 1992—, Juan Lebrón asumió la producción de una obra que cambiaría para siempre la forma en que los sevillanos contemplan su Semana Santa.

Bajo la dirección de Manuel Gutiérrez Aragón, el guion del catedrático Carlos Colón, la dirección de fotografía de José Luis Alcaine y una brillante banda sonora interpretada por la Orquesta Filarmónica de Londres —con marchas procesionales adaptadas por Antonio García Abril—, la película 'Semana Santa' condensó en menos de cuarenta minutos la esencia misma de la ciudad en sus días grandes. A decir verdad, faltan detalles e incluso hermandades enteras; pero, al mismo tiempo, no falta nada. La sensibilidad del metraje es tal que lograron filmar hasta lo intangible. Desde su estreno, ninguna otra obra ha conseguido captar con semejante precisión el torbellino emocional de una ciudad entregada a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Lebrón supo rodearse de un equipo de élite, guiado por la sabiduría del sevillano Carlos Colón. En una época en la que la tecnología audiovisual distaba mucho de la actual, con equipos pesados, costosos y complejos de maniobrar entre la bulla, el rodaje en formato de 35 milímetros supuso una auténtica hazaña que se prolongó durante cuatro Semanas Santas. Las tomas aéreas desde helicóptero, inéditas hasta la fecha, ofrecieron una perspectiva monumental de las cofradías que coronó una producción redonda.
El éxito en las salas fue rotundo. Cada fotograma quedó cincelado en la memoria colectiva de los cofrades, dando pie a entregas posteriores en VHS con material inédito de igual valor. Son ya varias las generaciones que han crecido con esta catequesis audiovisual, cuyo mayor premio no reside en las estatuillas o medallas, sino en el cariño perpetuo del pueblo sevillano.
La muerte de Juan Lebrón deja un vacío irreparable, pero también un legado inmortal en la historia varias veces centenaria de la Semana Santa de Sevilla. Quedan como asignatura pendiente sus constantes esfuerzos por salvar del olvido horas de grabaciones irrepetibles, así como su anhelo de que 'Semana Santa' se proyectase de forma permanente en algún rincón de su amada Sevilla. Sin embargo, nunca es tarde: los hombres pasan, pero la belleza de su obra queda.
Pionero y visionario, con esa bendita locura reservada a los grandes creadores y artistas, el productor antequerano no solo regaló este hito, sino también joyas imperecederas como 'Sevillanas', 'Flamenco', 'Sevilla clásica' o la emblemática serie 'Andalucía es de cine'. Sevilla y Andalucía moldearon la obra de Lebrón, pero hoy, a título póstumo, la ciudad contrae con él una deuda de gratitud y reconocimiento eterno.
