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Cíngulo y Esparto. La vara dorada y los “jarrones chinos”. Esteban Romera Domínguez


 La vara dorada en una Cofradía es símbolo de poder, hablamos del Hermano Mayor de la corporación, siendo la persona cabeza visible de la Hermandad de turno. Pero también este emblema de poder, centrado en esta persona, tiene la responsabilidad de todo lo que ocurre en el seno de esta institución, lo que lógicamente no es fácil, ni nunca lo ha sido, pero sobre todo en los tiempos que corren, esta circunstancia se incrementa de forma notoria. Estas personas, en muchos casos, no tienen directamente la culpa o la virtud de determinadas situaciones que se presentan encima de su mesa. Teniendo en cuenta que los aciertos normalmente no se acentúan,”ya que para eso se está en el cargo”, pero los errores, que evidentemente por nuestra condición humana deben de existir, se castigan hasta limites insospechados. 

El Hermano Mayor, entre otras muchas funciones, tiene que orientar las decisiones y corrientes existentes en su Junta de Gobierno, unificando las propuestas de sus miembros y también potencialmente de la propia Hermandad, algo que resulta cada vez más difícil en muchas corporaciones, debido no sólo a la grandeza de cada Cofradía, sino a las divisiones provocadas en muchos casos por Cabildos de elecciones totalmente sobredimensionados y en determinados casos me atrevería a decir que absurdos, que han causado la fragmentación de la propia corporación. 

En definitiva, sobre él recae la responsabilidad máxima de colectivos de cientos y cientos de personas, las cuales, si las cosas van bien no ocurre nada, pero que ante dificultades son muchas veces masacrados por individuos que no saben muchas veces ni los fines fundacionales de las propias Hermandades. Creo que todos los hermanos deberían ayudar a gobernar, aunque lógicamente la responsabilidad recaiga sólo en unos cuantos, al frente de los cuales esta el Hermano Mayor.

Sólo personas con sentido común y los que han ocupado ese puesto saben de lo que estoy hablando, pero lo realmente penoso en muchas ocasiones, es que son los antiguos Hermanos Mayores, denominados por alguno de ellos como “jarrones chinos” por no saber donde ponerlos, los primeros que muchas veces torpedean al actual mandatario, sacando pecho sobre problemáticas que no tienen ante si, y de las que están fuera de contexto, diciendo a sus más allegados que él lo hubiera hecho mejor en esta o en aquella situación. Esta actitud hace mucho daño a la vida diaria de la propia Hermandad. Los propios “ex” en ocasiones no se dan cuenta de este perjuicio, primando su ego por encima del bien de la corporación personalizada en la figura del Hermano Mayor actual. 

Todos los que pertenecemos a una Hermandad tenemos la obligación de ayudar a gobernarla, pero los “jarrones chinos” son los que con sus acciones diarias deberían ser ejemplo para los demás, ayudando de forma leal y honesta al actual Hermano Mayor y a sus terribles soledades, que existen cada vez con más frecuencia. Es muy fácil destruir, pero lo de construir en la sombra es otra historia, siendo esta una actitud cada vez más difícil de encontrar, por desgracia, en el devenir de nuestras Hermandades. Me gustaría dedicar estas líneas a los “ex” que trabajan en la sombra en pro de sus Hermandades.

Nota: Artículo aparecido en el Boletín de las Cofradías del mes de enero de 2007. 










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