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Niño de Praga, ‘niñas’ de Sevilla. Francisco Correal. Diario de Sevilla.


Ni una ni dos. Tres costaleras salieron por primera vez bajo la trabajadera de un paso en Sevilla. “Ole la gente buena que puede y sabe”, decía el capataz, Pepe Díaz de la Portilla, en la levantá de la Campana, por donde tantas ganas tenía de pasar con su costal Sonia Alías, que personalizó esta batalla y ayer se veía respaldada en la suplencia por Isabel Santiago, sobrina-nieta del mítico capataz Manuel Santiago, y María Dolores Flores, autora de unas históricas fotografías en la famosa Madrugá del año 2000 que dieron la vuelta al mundo.

“El Niño es barroco”, decía antes de la salida Fernando Aguado, 27 años, autor de la imagen que pasará a la historia un mes antes del 28-F por haber sido testigo de este referéndum de las costaleras. El Niño es barroco y la Niña surrealista. Sonia Alías, que unos días antes había llamado a los periódicos para denunciar las amenazas e insultos de que había sido objeto, se negó en redondo ayer a ser fotografiada antes, durante y después de su proeza. Fue una prueba de resistencia en toda regla. Fue la única de las tres que hizo la estación completa, ayudada por la tenue lluvia que a punto estuvo de suspender la primera salida invernal de esta hermandad de Gloria. Por temor a las inclemencias del tiempo, se acortó el itinerario y se suprimió el paso de la procesión por Cerrajería, Cuna, plaza del Salvador y Entrecárceles, lo que facilitó el particular compromiso de la costalera para no prestar ni una sola imagen a los numerosos medios gráficos y televisivos desplazados. Un despliegue inusitado para una hermandad de Gloria. La costalera salió airosa de su particular subida al Monte Carmelo con este Niño que es patrono de Praga, icono de todos los conventos de carmelitas descalzos del  mundo, imagen a la que su autor sevillanizó, librándola del “hieratismo de la iconografía de Praga”. El modelo de este Niño Jesus fue una modelo: Rocío Aguado, 22 años, hermana del escultor y novia del capataz Antonio Villanueva.

“Sevilla tiene mucha guasa”, decía durante el recorrido Pepe Díaz de la Portilla, que compartía con su hijo Pepe Díaz Rodríguez las labores de capataz. “En pleno siglo XXI no entiendo tanta polémica. ¿No hay mujeres mineras, mujeres legionarias, mujeres recogiendo aceitunas y hasta mujeres vicepresidentas del Gobierno?”. El hijo le dedicó una levantá a Sonia en la Campana; el padre, otra posterior ya en Sierpes, junto a Auto Ibérica.

“Los niños sí entran”, decía el estricto servicio de seguridad situado en la puerta trasera del Santo Ángel, en la calle Muñoz Olivé. Ni una cámara, ni siquiera la de Martín Cartaya. Iban entrando representantes de otras hermandades, previo relato de sus credenciales. “Los  monaguillos y los incensarios de la Estrella”. “Que pasen”.

Se oía la música pachanguera de la banda de la Estrella de Dos Hermanas. Iban entrando los costaleros. Las tres mosqueteras ya estaban dentro del templo. Díaz de la Portilla tiene tres carreras –Filosofía, Relaciones Públicas y Marketing, Periodismo–, un marcapasos, tres hijos costaleros, una calle con su nombre en Gelves y muchas calles recorridas con los pasos desde los 17 años hasta sus 70 actuales. En Semana Santa tenía su particular calendario de timonel: Amargura, Santa Genoveva, San Benito, Panaderos... “A los costaleros hay que tratarlos como lo que son, costaleros”.

La procesión la encabezaban cuatro carmelitas descalzos, una orden fundada en 1562 por Santa Teresa de Jesús y apuntalada seis años después por San Juan de la Cruz. Los dos santos más literarios del santoral, interpretados para el cine por los sevillanos Paz Vega y Juan Diego, respectivamente. El Niño Jesús de Praga llegó a la capital checa desde un convento andaluz, “entre Sevilla y Córdoba”, según el prior Juan Dobado. Se la regaló la dama María Manrique de Lara a su hija, que a su vez la donó a un convento checo.

Cuando el paso volvió a su templo, en la calle Rioja, lo esperaban los frailes Héctor Cáceres y Antonio Molina, que durante la procesión fue haciéndole fotos a la imagen de Fernando Aguado. Éste iba acompañado por sus tres Gracias: su madre, su hermana, su novia. El prior, ya en la iglesia, entre los agradecimientos, incluyó a los “hermanos costaleros y costaleras por haber soportado la presión mediática”. El fraile convertía de esta forma a la prensa en una suerte de contemporánea plaga de Egipto, atenta sólo al morbo, a la excepcionalidad, y no a lo que allí los convocaba: darle carta de naturaleza informativa a un hecho natural. El fraile le daba alas a quienes miraban con desprecio a esos mismos reporteros que en sus respectivos medios dan la buena nueva. Los verdaderos artífices de buena parte del milagro.

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