Opinión. El Señor y Su plaza. El Diputado de Cruces.
Ahora que el cabildo soberano ha decidido lo mejor para la hermandad, permítanme que, a riesgo de ser llamado ignorante, exprese mi opinión: desearía que el Señor se quedase en Su plaza durante la obras de la basílica. Ahora bien, entiendo que esta opinión es absolutamente irracional, basada en el romanticismo y sentimentalismo de aquel que pasa por San Lorenzo con cierta frecuencia y siente la presencia del Señor desde que entra en ella. Ya sé que me van a decir que Jesús está siempre en el sagrario y allí, en el de la parroquia, va a seguir. Lo sé, lo asumo y lo creo, pero uno, además de cristiano es cofrade y el Señor del Gran Poder trasciende a todo, incluida su hermandad. Repito, no tengo ninguna argumentación racional para este deseo, salvo que la iglesia del Convento de Santa Rosalía es bastante más pequeña que la Parroquia de San Lorenzo y que, por ello, los viernes van a ser más incómodos para los fieles y devotos que lo serían en el templo parroquial. ¿Por qué? Porque, mientras en San Lorenzo se podría organizar el besapié dejando libre la nave central (como se hizo en el besamanos extraordinario de hace unos años) para los que quieran rezar y contemplar al Señor, esto no va a ser posible (salvo que se usen otros espacios que los que se están diciendo) en Santa Rosalía, donde el trasiego constante de personas va a impedir el rezo tranquilo.
Lo que sí tengo claro es que, entre hermandad y parroquia, no ha habido ningún desacuerdo, por la sencilla razón de que no había nada en lo que ponerse de acuerdo. O, si lo prefieren, el acuerdo era total antes de empezar a hablar. Ninguna de las dos quería. La hermandad, lo ha dejado muy claro su hermano mayor, porque entiende que “necesita una iglesia casi con exclusividad si no quiere perder toda su actividad cultual”. No sé, el Señor sería fácilmente visitable (los horarios de apertura de la parroquia podrían ampliarse con la ayuda del personal de la hermandad) y supongo que también sería fácil mantener el número de misas (los sacerdotes existen), rosarios y la exposición del Santísimo, que podría coordinarse con la Sacramental de la parroquia. En cuanto al Miserere, la Sabatina y la misa de hermandad de los domingos, pienso que también sería fácil coordinarse (segunda vez que aparece la palabra) con la parroquia y las hermandades allí radicadas y que, con algunos cambios de horario, quizás, podrían realizarse sin grandes contratiempos. Con lo que sí habría pegas es con las bodas, pero, claro, eso no es lo más importante del culto al Señor, ¿verdad? La cuestión es querer coordinarse (tercera vez), aunque sea incómodo.
En cuanto a la parroquia, en fin, es una feligresía tranquila, con una media de edad alta y con dos hermandades muy importantes, pero que no plantean problemas. Y si alguna organiza, por ejemplo, una exposición por un aniversario importante, se le impone un horario cainita y no hay ninguna protesta. En este contexto, la presencia del Señor en la iglesia obligaría a cambiar costumbres y horarios, habría que dejar las llaves a otras personas,… Total, que sería más incómodo.
Así que todos contentos. Para la hermandad es más cómodo ir a Santa Rosalía y para la parroquia que la hermandad vaya. Sin embargo, seremos muchos los ignorantes que, cuando pasemos por la plaza, sentiremos el vacío de Su ausencia. En fin, es el signo de los tiempos, en los que los sentimientos y el romanticismo deben dejar paso a la practicidad y a la comodidad (aunque para los fieles y devotos de los viernes el estar esos minutitos con el Señor sí sea algo más incómodo, ya lo verán). Las que salen ganando y se lo merecen por todo lo que hacen, son las monjas de Santa Rosalía, que van a poder mimar y cuidar al Señor durante este período, lo que les supondrá gran alegría y consuelo.
Ahora, hay algo que sí resulta molesto, algo que se está imponiendo cada vez más en este mundo de las hermandades: no se puede discrepar, aunque sea desde el corazón, si no quieres que te tachen de ignorante y lejano. ¿Quién es, de verdad, el ignorante?
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